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Guardian del pueblo

Jueves, 11 de junio de 2026 a las 05:00

Cuando escuché por primera vez la propuesta de crear la Guardia Departamental Cruceña, mi reacción fue positiva. Santa Cruz necesita fortalecer su capacidad institucional para proteger sus áreas protegidas, sus reservas forestales, su patrimonio ambiental y, sobre todo, ejercer plenamente las competencias que le reconoce la autonomía. Los incendios de los últimos años, los avasallamientos, la presión sobre nuestros bosques y la enorme extensión territorial del departamento muestran una realidad evidente: necesitamos más presencia institucional donde muchas veces el Estado llega tarde... o simplemente no llega.

Sin embargo, mientras seguía el debate público, sentí que faltaba algo importante. Algo que no aparece en los presupuestos ni en los organigramas. No basta con crear una institución. También hay que darle alma.

Los grandes cuerpos de seguridad del mundo no son simplemente estructuras administrativas. Son símbolos. Representan una historia, una identidad y una forma particular de entender la relación entre el territorio y sus habitantes. Ahí están los Mossos d’Esquadra de Cataluña. Su nombre proviene de antiguas escuadras de vigilancia creadas para proteger a las comunidades catalanas.

Está también la Ertzaintza del País Vasco. La palabra nace del euskera y combina raíces que evocan la idea del guardián de la comunidad, del protector del pueblo. No es casualidad que los vascos hayan elegido un nombre propio. Querían una institución moderna, sí, pero profundamente conectada con su cultura y su historia.

Y entonces surge una pregunta inevitable.

¿Por qué la futura Guardia Departamental Cruceña debería llamarse simplemente Guardia Departamental?

Santa Cruz tiene algo que pocas regiones de América poseen: una riqueza cultural construida por pueblos originarios que siguen vivos, hablan sus lenguas y mantienen tradiciones que forman parte de nuestra identidad colectiva. Como chiquitano, creo que esta nueva institución debería llevar un nombre nacido de nuestra tierra. Un nombre que no venga de Madrid, de Washington ni de algún manual burocrático. Un nombre que venga del corazón del oriente boliviano.

En la lengua bésiro, hablada por la nación Monkoxi o chiquitana, existen expresiones profundamente ligadas a la idea de protección y defensa de la comunidad. Una de ellas es Tuubichibo Subujura, que puede interpretarse como “Guardián del Pueblo” o “Protector de la Comunidad”. También aparece la variante Tuubichibo Subujurax, con el mismo sentido de custodio y defensor de quienes habitan un territorio. Y existe además una palabra cargada de simbolismo cultural: Monkox, asociada históricamente al hombre que protege, guía y defiende a su comunidad.

Cada una transmite algo distinto. Una habla del cuidado. Otra de la protección. Otra del compromiso con la comunidad. Pero todas nacen de la misma raíz: la responsabilidad de cuidar a los nuestros.

¿No es acaso esa la esencia misma de lo que se pretende construir? No una fuerza para competir con la Policía Boliviana. No una institución para confrontar al Estado. Sino una entidad destinada a cuidar el territorio, proteger los recursos naturales, apoyar en emergencias, prevenir desastres y fortalecer la presencia institucional allí donde más se necesita.

A veces pienso en cómo recordamos las instituciones que marcan una época. No las recordamos por el número de artículos de una ley. Las recordamos por los símbolos que representan. Imagino a un niño viendo pasar una patrulla dentro de veinte años y preguntándole a su padre qué significa ese nombre.

Y que la respuesta no sea una sigla fría ni una denominación administrativa. Que sea una historia. La historia de un pueblo indígena que ayudó a construir la identidad cruceña. La historia de una lengua ancestral que sigue viva.

La historia de una institución moderna que decidió mirar sus raíces para proyectarse hacia el futuro. Porque la autonomía no consiste únicamente en administrar competencias. También consiste en expresar una identidad. La discusión sobre la Guardia Departamental seguramente se centrará en aspectos legales, presupuestarios y operativos. Y está bien que así sea.

Pero no olvidemos algo. Las instituciones que perduran no son solamente las que tienen recursos o atribuciones. Son las que logran convertirse en parte de la memoria colectiva. Si Santa Cruz está por dar este paso histórico, hagámoslo completo.

Construyamos una institución eficiente, profesional y respetuosa de la Constitución. Pero démosle también un nombre que nazca de nuestra propia historia. Un nombre que hable de protección. Un nombre que hable de comunidad.

Un nombre que hable de Santa Cruz.

Quizás, entonces, la futura guardia cruceña no debería ser recordada simplemente como una nueva fuerza departamental. Quizás debería ser recordada como la primera institución autonómica que decidió hablar con la voz ancestral de esta tierra.

(*) Orlando Saucedo Vaca es chiquitano

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