Una vez más y, ya van, el país se encuentra asfixiado por las actitudes cavernarias de seguir con los bloqueos, con sus graves consecuencias y sin ninguna sanción actual ni posterior.
Si analizamos con total imparcialidad, lo que paso antes, pasa ahora y seguro va a seguir pasando mañana, hay dos presupuestos que no van a cambiarse; tendrán matices, pero nunca cambios efectivos. El primer presupuesto es que la cultura de los bloqueos, del perjuicio y de las actitudes egoístas de los dirigentes de instituciones de trabajadores, de campesinos o de las ONGs que responden a mandos de intereses políticos transnacionales, se ha venido agravando en las últimas dos décadas, cuyo principal objetivo es el estrangulamiento de la actividad económica y productiva del país, con el claro agravante de que efectivamente lo consigue. Esos bloqueos, que no permiten la circulación no solo de personas, sino de alimentos, remedios y productos necesarios para la vida, además, podrá parecer superfluo, también destruyen la infraestructura caminera del país, que tanto cuesta hacerla y después pasará mucho tiempo para que se la repare.
Esta cultura del bloqueo no va a desaparecer; es un mecanismo que les da resultados a los dirigentes cuando quieren perjudicar al gobierno, perjudicando al país. No va a cambiar y menos desaparecer.
El otro presupuesto, tal y como está la situación política de siempre, la autonomía regional va a seguir postergándose hasta el fin de los días, porque los gobiernos centrales no van a perder el manejo económico del país; no les interesa que cada región se maneje de acuerdo a sus necesidades, intereses y conocimiento cierto de su región. Tengo la percepción, y difícilmente podrá ser refutada, que las autonomías departamentales van a seguir postergándose con cualquier excusa, argumento o lo que mejor les quepa en ese momento, de quienes estén manejando el gobierno central. La autonomía departamental no va a poder ser una solución inmediata a los graves problemas que se tiene en la región.
Dentro de ese mismo presupuesto, el otro importante asunto que se considera es el del federalismo. Ya son palabras mayores, que, sin lugar a dudas, sería el mecanismo legal apropiado para un país tan diverso en geografía, cultura y población, que permitiría desarrollar individualmente a las regiones, de acuerdo a su manejo, criterio y necesidad en todos los campos. Para esta solución se necesitaría, además, ocho aliados con sus propios pensamientos, que no siempre son coincidentes con los que tengamos y un enemigo frontal que sería el gobierno central.
Ante esos dos presupuestos ciertos y que no van a cambiar, debemos trabajar en la independencia económica cruceña. Tenemos, si acaso no es la única región del país, instituciones cívicas, económicas, productivas, educativas que funcionan muy bien y son sólidas. Su trabajo se evidencia día a día, ya que no se suspenden (salvo situaciones extremas departamentales) y se sigue produciendo, creando, formando.
En el caso económico puntual, existe una dependencia muy fuerte con el sistema de recepción y despacho de mercaderías, principalmente del puerto de Arica. La nefasta política de bloquear caminos en el altiplano, corta de cuajo la posibilidad de exportar, con el agravante de incumplir contratos que costaron “muelas” conseguirlos, lo que produce la pérdida de mercados. De la otra punta, no permite llegar insumos, materias primas para la producción cruceña de diferentes productos, cortando la producción, encareciendo los productos y perjudicando la generación de empleos.
No se puede seguir esperando con acongojamiento que se suspenda el bloqueo. Santa Cruz tiene la suficiente fuerza institucional para encarar buscar la independencia económica de tener lazos muy fuertes de importación y exportación, con Brasil, Argentina y Paraguay. Buscando usar la vía fluvial ya existente y mejorar las vías camineras que permitan la circulación de entrada y salida de los productos cruceños.
Trabajemos en conseguir nuestra independencia económica y que el pueblo cruceño tenga lo que se merece y necesita.
(*) Fernando Rodríguez Mendoza abogado