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Mentiras sobre los indios: la invasión

Jueves, 11 de junio de 2026 a las 05:00

Como a la gran mayoría de los bolivianos, en la escuela me enseñaron que los españoles nos invadieron, allá por 1532; esclavizaron a nuestros ancestros indios, los colonizaron y mantuvieron en esa condición hasta la Guerra de la Independencia, cuando fueron derrotados y expulsados.

Por eso, fue un shock enterarme de la existencia de un documento, “el memorial de Charcas”, que revela una realidad completamente diferente en los primeros años de la conquista y hasta por lo menos 1582.

En ese año, un total de 24 caciques de las naciones Qaraqara y Charka mandaron labrar un memorial dirigido al entonces rey de España, Felipe II, quejándose porque los privilegios que tenían se habían visto disminuidos por las reformas del virrey Francisco de Toledo.

Ahí surgió el primer cuestionamiento pues, si nuestros ancestros indios fueron esclavizados, ¿cómo es que había algunos con privilegios? La respuesta es que, en los primeros años de la conquista, los abuelos de los firmantes del memorial habían llegado a acuerdos con los españoles a cambio de que se respete los derechos que tenían como gobernantes de estas tierras.

Entre las muchas revelaciones de este documento está el hecho de que los gobernantes de Charkas y Qaraqara, Coysara y Moroco, respectivamente, pactaron con los hermanos de Francisco Pizarro, Hernando y Gonzalo, para someterse, voluntariamente, a la autoridad del rey de España. En el caso de Coysara, gobernante de los Charkas, este entregó el yacimiento de plata de Porco, además de minas de oro, bronce y estaño. Por si fuera poco, encabezó sus tropas para acompañar a Diego de Almagro y Pedro de Valdivia a la conquista de Chile. En agradecimiento a todos estos servicios, se llamó Charcas a la provincia sobre la que se constituyó Bolivia en el entonces lejano 1825.

Entonces, aquí no vemos invasiones ni mucho menos esclavitud. Hubo naciones o culturas que llegaron a buenos términos con los españoles y se convirtieron en súbditos del rey de España de manera voluntaria, lo que se extendió a los indios que tenían a su cargo, que se contaban por miles. El problema fue que, con el paso de los años, las autoridades virreinales, como Toledo, incumplieron los acuerdos iniciales y configuraron nuevos modelos de relacionamiento con los caciques y mallkus, al extremo que estos tuvieron que quejarse mediante un memorial, que nos descubrió una realidad muy diferente a la que nos enseñaron en la escuela.

El documento fue encontrado por el peruano Waldemar Espinoza Soriano en el Archivo General de Indias (AGI), en Sevilla, y su transcripción fue publicada por primera vez en 1969. En 2006 volvió a publicarse, con revisión de John Murra, en el monumental libro “Qaraqara-Charka” en el que sus autores, Tristan Platt, Thérese Bouysse-Casagne y Olivia Harris, agregaron más documentos, especialmente probanzas, que ayudaron a entender mejor el memorial de 1582.

Gracias a las precisiones de ese libro, este año pude conseguir, por fin, una copia del documento, en el AGI, que, contando la carátula del expediente que lo contiene, son 342 páginas con escritura notarial. Un tesoro para seguir estudiando esa parte de nuestra historia.

Uno de los problemas que tiene Bolivia es que los maestros de Ciencias Sociales siguen repitiendo las mentiras que fueron armadas como parte de los discursos del pasado y, hasta ahora, no se han molestado en incorporar estos no tan nuevos hallazgos de nuestra historia.

Repitiendo esas mentiras, hoy tenemos a decenas de nuestros hermanos bloqueando caminos y creyendo que, así, corregirán una historia que, como se ve, ha sido mal enseñada.

(*) Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

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