Las crisis suelen ser asociadas al caos, al conflicto y a la incertidumbre. Sin embargo, desde la perspectiva de René Zavaleta Mercado, las crisis cumplen otra función de enorme importancia: son momentos privilegiados de conocimiento. Es en ellas cuando una sociedad se desnuda y deja ver aquello que en tiempos normales permanece oculto. La crisis, en ese sentido, es un extraordinario método de aprendizaje.
La reciente convulsión política debería cumplir precisamente esa función. Más allá de los enormes costos humanos, económicos y sociales provocados por los bloqueos, constituye una oportunidad para que el presidente Rodrigo Paz identifique con claridad los errores garrafales de sus primeros meses de gestión y los corrija. Porque, después de esta crisis, ya no tiene margen de error.
Durante el conflicto quedó demostrado que la mayoría de la población no acompañó la estrategia insurreccional del evismo, ni de la mafia sindical corporativa. Esa mayoría rechazó los bloqueos y comprendió que detrás de las supuestas demandas sociales existía un objetivo estrictamente político: acortar el mandato presidencial para el retorno del evismo.
Pero esa misma ciudadanía difícilmente volverá a otorgarle un nuevo crédito político si el gobierno reincide en errores semejantes a los que detonaron el conflicto.
El primero de ellos fue, sin duda, la denominada “gasolina basura”. Lo advertí desde el inicio. No se trataba de sabotaje ni de conspiraciones imaginarias. Era, sencillamente, incompetencia. Y, la incompetencia, junto con la corrupción, tuvo, sencillamente, un costo político devastador.
La primera gran lección, entonces, es evidente: el abastecimiento regular y eficiente de combustibles debe convertirse en una prioridad absoluta del gobierno. Después de eliminar la subvención, la población espera calidad, previsibilidad y normalidad. Un episodio semejante volvería a erosionar rápidamente el escaso capital político que aún conserva el presidente.
La segunda enseñanza también es clara. Ningún gobierno puede funcionar rodeado de improvisación. Rodrigo Paz debe revisar profundamente la composición de su gabinete y rodearse de personas técnicamente competentes, políticamente experimentadas y administrativamente eficientes. La calidad de un gobierno depende, en buena medida, de la calidad de quienes toman y ejecutan decisiones.
Existe, además, una tercera lección que la crisis dejó al descubierto. Bolivia es una sociedad profundamente “abigarrada”, utilizando la célebre expresión de Zavaleta Mercado. No se puede gobernar ignorando al sujeto “indígena, originario, campesino”. Debe formar parte de la toma de decisiones. Pero nunca bajo el perverso modelo corporativo instaurado por el MAS.
Durante veinte años, el régimen masista incorporó a los dirigentes sindicales al aparato estatal no para beneficiar a sus bases, sino para garantizar la reproducción del poder. Aquella inclusión terminó degenerando en una gigantesca estructura prebendal y profundamente corrupta.
Rodrigo tiene la oportunidad de romper esa lógica. Debe incorporar a los auténticos movimientos sociales, no para repartir cuotas de poder, sino para construir políticas públicas que mejoren realmente las condiciones de vida de sus bases. Esa diferencia es sustancial.
La cuarta enseñanza apunta a la calidad institucional. La experiencia de la Ley 1720 fue suficientemente ilustrativa. Las leyes no pueden seguir elaborándose sin tomar en cuenta a todos los actores. Deben ser ampliamente consensuadas con los sectores directamente involucrados. Gobernar también consiste en escuchar antes de decidir.
La quinta lección es territorial. Los bloqueos demostraron con crudeza algo que muchos olvidan: Bolivia constituye un solo espacio económico y social. Oriente necesita de occidente y occidente necesita de oriente. La fractura regional solo beneficia a quienes viven del conflicto. Sanar esa división debe convertirse en una política de Estado.
Finalmente, existe una sexta enseñanza que Rodrigo Paz tampoco puede seguir postergando. Evo Morales continúa siendo el principal factor de desestabilización política. Desde el primer día del nuevo gobierno, lo advirtió Arce Catacorá, Morales procurará, como lo hizo con él, el acortamiento del mandato, con convulsión social y violencia.
Mientras esa amenaza permanezca intacta, la gobernabilidad seguirá siendo frágil. Neutralizar políticamente ese factor de inestabilidad -siempre dentro del Estado de derecho, con inteligencia, precisión y el menor costo posible- constituye una necesidad de primer orden para preservar la salud de la democracia.
La reciente crisis dejó muchas enseñanzas. Las crisis, como decía Zavaleta Mercado, permiten conocer aquello que en tiempos normales esta oculto. Cuando una sociedad entra en crisis, caen los disfraces, se rompen las apariencias y se revelan las verdaderas relaciones de poder. Las lealtades, los intereses, las contradicciones y las capacidades reales de los actores políticos, aparecen con nitidez.
Esta crisis le mostro a Rodrigo Paz donde están sus debilidades. Ignorarlas sería repetirlas. Y, en política, los errores repetidos pueden convertirse en el principio del fin.
Todavía se puede corregir el rumbo, pero, ya no tiene margen de error.
* Rolando Tellería A., profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón