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En los últimos cinco años, el negocio cocalero movilizó en el país $us 1.747 millones. De ese total, el 56% corresponde a Yungas, es decir $us 980 millones, según los datos entregados periódicamente por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc). Este es el tamaño del negocio del mercado que está en disputa.

Esta cifra también representa un crecimiento del 17% del negocio de la coca en Yungas, tomando en cuenta que para 2016 se reportó un flujo de $us 172 millones y $us 244 millones en 2020, como “límite superior” en el cálculo del valor económico de este producto, “asumiendo que toda la producción fue comercializada en los mercados autorizados”, según señala el más reciente reporte de la agencia de la ONU.

Ahora bien, la Asociación Departamental de Productores de Coca de La Paz (Adepcoca) juega un papel de agente intermediario comercial que permite conectar a los productores con los cerca de 10.000 comercializadores que llevan el producto a todo el país. Eso sí, se debe contar con el aval de Dirección General de Comercialización e Industrialización de la hoja de coca (Digcoin), pues se trata de un producto regulado por la Ley 905, que establece controles para que no se desvíe a fines ilícitos.

“Se tienen unos 40.000 socios productores en Adepcoca, aunque debido a la disputa por la directiva no hay una lista actualizada”, comentó el exconstituyente yungueño, Sabino Mendoza, quien fue parte de la comisión que debatió el tema la hoja de coca en la configuración de la Carta Magna, vigente desde 2009.

De hecho, las tensiones y el largo conflicto que golpea al mercado de la coca del barrio paceño de Villa Fátima afectó la actividad comercial y la economía del sector. Petrona Quispe, una comerciante detallista denunció esta semana el robo de tres “taques” (cada uno equivale a 25 kilos) durante los días en los que se produjo la polémica transición de dirigentes en esa organización.

“He dejado mi coca y ahora que he venido a recogerla, todito se lo habían vendido”, declaró entre sollozos por la pérdida. La directiva de esta organización cobra Bs 5 por pesar cada taque y Bs 30 por almacenar 10 de estos cargamentos. Pero, esa no fue la pérdida que más le afectó a doña Petrona, pues el valor de la coca está en ascenso, los precios se recuperan luego de la primera etapa de la pandemia. 

El precio de la coca de Yungas es más elevado si se lo compara con los valores del producto que se cultiva en el trópico de Cochabamba, la otra zona autorizada para para esta actividad. Para 2020, el precio por kilo tuvo una cotización, en promedio, de Bs 69 para Yungas y Bs 49 para Chapare. Doña Petrona esperaba vender cada kilo en Bs 70 y lloró al perder al menos Bs 5.250, más de $us 750. 

El precio de la coca es un tema que está en la agenda de los dirigentes de Adepcoca. Arnold Alanes, el cuestionado presidente de la organización, hizo campaña con un plan para mejorar los precios. “Estoy trabajando en una agenda 2021 - 2023 y vamos a proponer a las bases a través de una asamblea la revalorización y la promoción de la coca para que el precio llegue los Bs 100. Tiene que ser más cara, porque eso genera más economía para la familia cocalera”, señaló el dirigente que fue reconocido por el Gobierno.

El dirigente Armin Lluta, cuya presidencia fue resistida por el bloque campesino afín al MAS, dijo que la prioridad del sector “es recuperar la casa grande de los productores”, que es como se conoce a la sede de Adepcoca, donde funciona el mercado.

El precio de la coca fue fluctuante durante el último lustro. Según el análisis presentado por la Unodc, en 2016 el precio por cada de kilo de coca yungueña cerró en Bs 58. Ese valor creció de manera sostenida hasta 2018, cuando se registró a Bs 89. En 2019 hubo un ligero descenso a Bs 88,5 y en 2020 a Bs 69. Este último año las ventas de coca legal disminuyeron, a pesar de incremento de cultivos excedentarios que llegaron a las 29.400 hectáreas y el 62% de esa superficie se cultivó en Yungas.

Sobre la base de esta información, Mendoza señaló que los socios productores “deben comenzar a pensar en hacer una gran reingeniería de Adepcoca para que sea manejada de manera transparente y como en una gran empresa y los socios sepan la cantidad de recursos se tienen y cómo son empleados”. Además, señaló que los dirigentes de la organización reciben en la actualidad un estipendio nominal de Bs. 3.000 por el cargo que ocupan.

Rendimiento

Franklin Alcaráz, responsable de varios estudios sobre la producción de coca y el fenómeno de las drogas, señaló la importancia del factor de rendimiento en la producción de cocales. En Yungas se cultiva en una mayor extensión, pero el rendimiento es menor que en el trópico de Cochabamba.

En factor de rendimiento en Nor, Sud Yugas e Iquisivi, las tres provincias cocaleras de La Paz, es de apenas 1,1 toneladas por hectárea, mientras que en Chapare ese factor se duplica debido a factores ecológicos y geográficos.
“En Yungas se cosecha tres veces al año, mientras que en Chapare cuatro y en algunas regiones hasta seis, dependiendo del uso de fertilizantes”, explicó Alcaráz.

El especialista señaló que por eso es que La Paz, con algo más de 14.000 hectáreas habilitadas para el cultivo legal, produce menos coca que el trópico de Cochabamba, donde sólo se puede sembrar en un área cercana a las 7.000 hectáreas de coca.

Según el informe de la Unodc de 2020, la producción potencial de coca en La Paz fue de 20.810 toneladas por año y en Cochabamba 21.711 toneladas, esto tomando en cuenta que el país no logró estabilizar la producción de coca por debajo de las 22.000 hectáreas de coca que son permitidas.

“Para satisfacer el consumo legal de coca se requieren únicamente 6.000 hectáreas de cocales”, afirmó y consideró que existen “varios componentes políticos” que configuran este escenario.

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