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Ariel Melgar Cabrera

Las últimas investigaciones policiales sobre la explosión en el penal de Mocoví, en Beni, han desvelado que los explosivos ingresaron el fin de semana, camuflados en una bolsa con alimentos. Un miembro del Primer Comando de la Capital (PCC) visitó a otro que cumple condena en la cárcel de la capital beniana.

Informes de Inteligencia a los que tuvo acceso EL DEBER, dan cuenta que el brasileño Lucas Rosendy Saravia recibió el domingo dos salteñas, una soda y papas fritas dentro de un paquete, donde también se encontraban hábilmente camuflados los explosivos que fueron detonados la noche de este lunes.

Sobre el tema, el ministro de Gobierno, Arturo Murillo dijo que, presuntamente, lo que explotó y acabó con la vida de dos reclusos, además de dejar decenas de heridos, fue una granada de guerra que fue  llevada desde otra cárcel del país.

“Tenemos información de que sería una granada de guerra que, aparentemente, fue enviada del penal del Abra a la cárcel de Mocoví. Aún no es confirmada esta información, pero los expertos dicen que puede ser una granada de guerra por el daño que causó”, explicó.

Murillo responsabilizó a miembros del PCC como los causantes del atentado que provocó la muerte a los internos bolivianos Mauricio Soliz Rojas y Rubén Darío Salazar Abrego, además dejó heridos a una treintena de reos.

Pugnas de poder

Los reportes de la Policía de Beni confirman que Rosendy pretendía tomar el control del recinto penitenciario, pero se lo impedía Soliz, quien manejaba a un grupo de reos. Es así que el brasileño activó la granada y la lanzó contra su principal rival, quien terminó perdiendo la vida.

Rosendy, integrante del PCC, cayó detenido por tráfico de sustancias controladas y ahora se encuentra aislado en celdas de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc) de Trinidad.

Mientras que Soliz cumplía una condena de 30 años de presidio por participar en la matanza de 35 personas en agosto de 2013 en Chonchocorito, en la cárcel cruceña de Palmasola. 

En marzo de 2018, este recluso fue trasladado a Mocoví, debido a que fue amenazado junto a otro nueve internos por el extinto Víctor Hugo Escobar alias “Oti”.

El pasado 3 de febrero de 2019, Soliz huyó del penal beniano y participó en el atraco a la joyería Carrasco, que dejó un herido de bala. En diciembre fue recapturado por la Policía en Riberalta y fue nuevamente enviado a Mocoví.