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Jorge Ibáñez contrajo el coronavirus hace más de dos semanas, desde entonces no paró de luchar contra la enfermedad como muchos en Bolivia y el mundo. Este fotorreportero cuenta su historia en imágenes desde su lugar de aislamiento.

A un cristal de distancia. Ellos vivían entre abrazos y besos antes del coronavirus. Jorge recibe la visita de su abuela, Mirian, ahora solo pueden tener un contacto simbólico, haciendo que sus manos coincidan separadas por un frío cristal. Él dio positivo a Covid-19 hace unos 20 días. Desde entonces está aislado. Si bien está en su casa, atraviesa solo el periodo de cuarentena. Sueña con tomar la fotografía de un abrazo.

Separados, pero unidos por el amor de madre-hijo. Una pared es el obstáculo que evita que Jorge pueda verse con su progenitora, quien al ser su contacto directo también fue aislada. Al mismo tiempo realizan sus vahos medicinales.

Mientras pasa el tiempo, Jorge lee los mensajes de apoyo que recibe de sus amistades y que le ayudan a elevar los ánimos mientras dure esta medida

El trajín que implica el trabajo de un fotorreportero es lo que más extraña Jorge. El encierro ha sido una prisión para esa alma aventurera

Jorge forma parte del porcentaje de asintomáticos de Covid-19, pero los vahos están dentro de su cotidianidad