“Una vez estaba haciendo compras en el mercado, con los bolsones llenos de verduras y frutas; esperando un móvil para volver a casa, cuando de pronto ví a un hombre a mi lado desplomarse. Sí, simplemente se desvaneció. Abandoné mis cosas y corrí a ayudar, por instinto, de manera casi inmediata, es algo que ya ni siquiera se piensa, solo se actúa”, confiesa Ana Rea, una enfermera que con 32 años de experiencia, que hace unos días se jubiló como trabajadora, pero no como servidora.
De inmediato cambia la voz, cuando recuerda sus primeros días como auxiliar de enfermería, reemplazando a una y otra colega, mientras estudiaba en la universidad en la década de los 90. “Fueron años duros, sacrificados, de muchos desvelos, de un presupuesto por de más de ajustado, de muchas caminatas, de alguno que otro día sin comer; pero que valieron totalmente la pena”, afirmó Ana.
Aunque estudió en una universidad privada, ella comenta que fue con recursos propios, como varias de sus compañeras de su clase, con las que se turnaban para llevar almuerzos y cenas, para compartir el escaso tiempo que les quedaba entre el trabajo y los estudios.
“Hacíamos de todo, para sobrevivir nosotras, pero también para ayudar a los pacientes. Las enfermeras, a diferencia del personal de salud, no solo vemos las historias clínicas, también vemos familiares, vemos realidades de los hogares, algunas carencias, que aunque no deberíamos, terminamos ayudando entre todas (las enfermeras)”, apuntó.
Entre las historias más tristes que recuerda de sus 32 años de trabajo en la Caja Petrolera de Salud no mencionó una en específico; en su lugar remarcó que las más conmovedoras han sido las de ver perder la vida a pacientes, muchos de ellos desconocidos, otros familiares, algunos amigos y por supuesto, alguno que otro colega.
“Yo trabajé en quirófano todos estos años y ver la vida de una persona expuesta sobre una cama, en una sala fría, es una responsabilidad muy alta. Primero, porque sabemos que detrás de la puerta de esa sala hay una familia; y segundo, porque justamente esos seres queridos tienen puesta todas sus esperanzas en nosotros (el personal médico)”, resaltó.
A diferencia de otras profesiones y otros trabajos, la enfermera destaca el compromiso y la responsabilidad con la que trabajan tanto ella, como sus colegas, desde el médico cirujano, la instrumentadora quirúrgica, entre otros que intervienen en una cirugía.
Sin embargo, Ana subrayó que su trabajo como enfermera no concluía cuando el paciente sale de quirófano.
“Cuando eres enfermera, parte del personal de salud, la gente te ve como alguien confiable; alguien al que puedes acudir en caso de alguna dolencia física, aunque no seas médico, eres una referencia. Y así mismo, tú te sientes con el compromiso de responder a esa confianza, en las medidas de tus posibilidades”, manifestó.
Agregó que esta ayuda a veces solo se expresa en algún consejo, alguna sugerencia de dieta, alguna referencia de un especialista o un centro de salud, “pero que vale porque viene de alguien que conoce el área”.
Para Ana ser enfermera fue la mejor decisión que tomó en su vida y sin lugar a dudas, no fue casualidad, su vocación la ha hecho merecedora de respeto y prestigio como profesional. A su despedida como trabajadora generó más de una emoción, tanto entre sus colegas como entre los mismos pacientes.