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Madres bolivianas: el motor que sostiene hogares y aporta a la economía del país

Lunes, 25 de mayo de 2026 a las 04:00

Miles de madres generan ingresos, empleo y movimiento económico desde el comercio, los servicios o el trabajo independiente. Aunque sostienen hogares y dinamizan mercados, todavía enfrentan informalidad, exclusión financiera y brechas laborales.

El viento frío sopla sobre  los toldos del paseo artesanal La Recoba, en Santa Cruz. Entre sombreros típicos y camisas chiquitanas, Carmen Yépez acomoda mercadería mientras atiende pedidos y revisa diseños. Lleva más de 20 años trabajando por cuenta propia. Su emprendimiento no nació de un sueño romántico, sino debido a una urgencia.

“Al principio fue por necesidad, porque una no puede quedarse con los brazos cruzados cuando siente que la olla se queda vacía”, cuenta. Y luego agrega: “Dar los primeros pasos es difícil, pero no imposible”.

Como Carmen, miles de madres bolivianas sostienen gran parte de la economía cotidiana. Venden comida, manejan pequeños negocios, producen artesanías, ofrecen servicios o trabajan de manera independiente para sostener a sus familias. Más allá del cuidado del hogar, generan ingresos, consumo y movimiento económico.

Detrás de esa rutina silenciosa existe un peso económico enorme. En Bolivia, más de la mitad de las madres mantiene actividad laboral y su aporte ya representa cerca de la mitad del ingreso promedio de los hogares. Gran parte de ellas trabaja en el comercio, los servicios y el autoempleo, sectores que sostienen buena parte de la economía urbana y del consumo diario.

Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran además que gran parte de las mujeres ocupadas trabaja en condiciones de informalidad. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) advierte que las mujeres latinoamericanas mantienen mayores tasas de precariedad laboral, menores ingresos y más carga de trabajo no remunerado. En Bolivia, esa brecha suele empujar a miles de madres hacia el trabajo independiente.

Eso le ocurrió a Selma Linares, abogada paceña que hace pocas semanas superó los 60 años. Crió sola a sus dos hijas y eligió el ejercicio independiente de la profesión. “Era madre sola, no podía darme el lujo de tener horarios especiales para dedicarme a mis hijas y generar ingresos. El trabajo independiente era mi única opción; fue necesidad, más que elección”, relata.

Hoy cobra una jubilación mínima, que no le alcanza para vivir. Sigue trabajando porque necesita ingresos y porque aún tiene salud para hacerlo. “Tengo seguro médico por un azar del destino, eso me tranquiliza”, afirma.

Pero detrás de esa estabilidad persisten las frustraciones. “Pocas veces intenté acceder a un préstamo. Nunca me lo dieron. Mujer, madre soltera, sin casa propia y sin ingreso fijo… imposible”, lamenta.

Reportes de la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) muestran avances en inclusión financiera femenina, aunque persisten barreras para acceder a créditos productivos, sobre todo entre trabajadoras independientes e informales.

Selma habla también de otra carga silenciosa: la tributaria. “Desde que tengo NIT estoy bajo vigilancia del sistema. Tengo que pagar impuestos, llenar formularios, pagar contadora y multas cuando me atraso. A veces debo priorizar el impuesto antes que el alimento. Es injusto”, sostiene.

En La Recoba, Carmen comparte una sensación similar. “Hemos cometido errores y también nos han engañado, pero salimos adelante. Uno quisiera crecer más, vender más y dar empleo, pero no siempre se puede. Lo importante es que seguimos aquí”. Muchas veces trabajan más de 10 horas al día, sin seguro, aguinaldo ni estabilidad.

La economista Carmen Correa considera que el aporte de las madres a la economía suele invisibilizarse porque gran parte ocurre fuera de las estructuras tradicionales. Explica que muchas sostienen circuitos completos de producción, comercio y consumo, incluso en tiempos de crisis y desaceleración económica.

En Bolivia, la economía también tiene rostro de madre. Uno que madruga, vende, produce, paga cuentas y genera casi la mitad de los ingresos familiares, mientras todavía enfrenta brechas que el país aún no termina de resolver.

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