María René Álvarez habla desde un lugar íntimo, pero también profundamente político. En su casa, lejos del protocolo institucional, la nueva presidenta de la Asamblea Legislativa Departamental de Santa Cruz repasa el camino que la llevó desde la resistencia ciudadana y la defensa del territorio hasta asumir una de las instituciones más importantes del departamento.
Para ella, este momento no es solo la llegada a un cargo. Es la confirmación de un recorrido construido con sacrificio, exposición pública, aprendizaje y pertenencia. “Significa parte de un avance de los objetivos marcados como María René política”, afirma. Aunque reconoce que su trayectoria en este ámbito es corta, de apenas cinco años, considera que ese tiempo fue suficiente para posicionarse como una referencia regional.
Álvarez admite que sí se imaginó llegar a este lugar, pero entiende que ocupar la presidencia de la Asamblea también implica una responsabilidad mayor, sobre todo para las mujeres y niñas de provincia que pueden verse reflejadas en ella. “Si sos una referencia, hay un modelo a construir, también un camino de aprendizaje y enseñanza”, sostiene.
La dirigente chiquitana cree que su presencia en ese cargo tiene una carga simbólica importante. Recuerda que varias mujeres le dijeron que verla asumir una institución de ese peso les generó orgullo. “La representación política como una figura femenina es muy importante”, señala.
Su origen político está ligado al 21F, a la resistencia ciudadana y a la defensa del territorio. Recuerda que en 2017 y 2018 se vivía una preocupación fuerte en las provincias por el avance de los avasallamientos y por lo que considera un intento de traslado geopolítico impulsado desde el centralismo. “Nosotros, los provincianos, nos organizamos para hacer escuchar nuestra voz y decir ante el mundo que íbamos a cuidar y proteger nuestro territorio”, afirma.
Ese sentido de pertenencia fue, según ella, la razón principal para involucrarse en política. Aunque reconoce que la María René que comenzó era más irreverente, también sostiene que esa actitud fue necesaria ante el contexto que se vivía. “La esencia continúa, pero hay una diferencia abismal entre la María René de antes y la actual”, reflexiona.
El aprendizaje político, asegura, la obligó a madurar. “Entendí que la política va más allá de intereses personales y de egos”, dice. Para ella, la política debe tener una construcción positiva en favor de la región, no quedar atrapada en el ruido permanente de la confrontación.
Durante la campaña, una de las experiencias que más la marcó fue el contacto directo con la gente. Para Álvarez, ocupar un cargo público significa asumir una responsabilidad directa sobre la calidad de vida de la gente.
Cuando habla de las provincias, especialmente de la Chiquitania, el tono cambia. Hay emoción, orgullo y una identidad muy marcada. “Me encanta sentir el abrazo de la gente, el calor humano, la mística de ese contacto cercano”, dice. De ahí también nace uno de los nombres con los que se la identifica: la jaguar chiquitana, nombre que surgió después de su participación en la defensa del territorio del jaguar en 2025.
En su discurso de posesión habló de recuperar el espíritu autonómico. Para Álvarez, ese es uno de los grandes desafíos. Considera que el masismo debilitó la identidad regional y que muchos liderazgos no fueron firmes en la defensa de Santa Cruz. “Ese espíritu autonómico que nos ha movido y nos ha hecho lograr grandes cosas hay que recuperarlo”, afirma.
Su legado, dice, debe estar asociado a más autonomía, más autodeterminación y más capacidad de decisión desde el departamento. “Tenemos que resolver los problemas que nos afectan directamente desde Santa Cruz”, sostiene. Para ella, la nueva gestión debe construir una institucionalidad más fuerte, con separación de poderes, coordinación con el Ejecutivo departamental y una visión clara de transformación.