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El café no es realmente un grano, sino la semilla de una fruta que crece en los cafetos. Generalmente tiene un color rojo brillante cuando está madura. De su planta hay dos especies principales de café: arábico y robusto. Robusto, proviene de una planta resistente a enfermedades y plagas, y se adapta mejor a cambios climáticos. Crece en regiones cálidas y húmedas con en escasas altitudes. Tiene el doble de cafeína que la variedad arábica, lo que le da un sabor muy amargo. 

Debido a que no necesita crecer en altura es más fácil de cultivar, menos costosa y produce más cantidad de frutas en menos tiempo. Esta es la que generalmente se emplea para producir cafés comerciales como el instantáneo o el de mezcla, que se pueden conseguir en supermercados.

 La variedad arábica es originaria de Etiopía, crece generalmente en zonas altas y requiere más cuidados para su cultivo. Representa un poco más de la mitad de la producción mundial y posee una concentración de cafeína de un 1,7% como máximo. Los cafés de semilla arábica crean una bebida más aromática y suave al paladar, y también es más digestiva. Se usa mayormente para los cafés de especialidad. No todos los cafés de variedad arábica son de especialidad o premium, pues el proceso de tueste influye mucho en la calidad.

Dato curioso

El verdadero color del café no es negro ni marrón, es verde. Cambia de color mediamente el proceso de tueste.


Arábica y robusta respectivamente.

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