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“Antropoceno”

15/2/2021 07:47

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Por Juan Pablo Saucedo Vidal, internacionalista y ejecutivo del Observatorio de Diversificación de CAINCO

Por primera vez en la historia en lugar de que el planeta de forma a los humanos, los humanos -a sabiendas- estamos dando forma al planeta. Así conciben muchos científicos nuestra era geológica, a la que denominan como Antropoceno o la Era de los Humanos, una era en la que nuestras acciones repercuten directamente en el futuro del planeta.

Es bajo esa premisa que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) decidió renovar su anualmente esperado Índice de Desarrollo Humano (IDH), que cumple 30 años, incluyendo un ajuste metodológico en su medición denominado “presiones planetarias”. Este ajuste considera por cada país su nivel per cápita tanto de emisiones de dióxido de carbono como de la huella material, que relaciona la demanda humana de materias primas para su consumo y la capacidad ecológica de regenerarlos.

En ese sentido, el PNUD presenta un dato demoledor especialmente para países desarrollados: el 1% de la población más rica en el mundo (78 millones de individuos), emite 100 veces más dióxido de carbono cada año, que el 50% de la población más empobrecida (3,9 billones de individuos).

De hecho, aplicando el ajuste de presiones planetarias más de 50 países abandonan el grupo de desarrollo humano muy alto, debido a su alta dependencia de combustibles fósiles y una huella material considerable.

De todas maneras, el podio en la clasificación general del IDH lo conforman Noruega, Irlanda y Suiza. Curiosamente el país nórdico lidera el ranking siendo uno de los principales exportadores de petróleo y gas del mundo, pero al mismo tiempo la energía que consume es generada casi en un 100% a partir de fuentes renovables, además de cumplir con el resto de indicadores referidos a la calidad de vida de sus habitantes.

El país Latinoamericano mejor ubicado en el IDH es Chile en la posición 43, mientras que Bolivia se ubica en la posición 107 entre 189 países, subiendo un peldaño en relación a la medición anterior.

La idea por detrás de este nuevo elemento en la medición concibe un incentivo para la transformación productiva de los Estados, procurando que los países se apropien del concepto de economía circular y sostenible. Una idea que bajo el contexto de la pandemia del COVID-19 y en medio de una de las situaciones económicas más complejas de la historia, pudiera parecer poco importante.

No obstante, está claro que cerrar los ojos ante realidades tan evidentes como el cambio climático, el colapso de la biodiversidad en muchos ecosistemas, el surgimiento de nuevos elementos patógenos como resultado de la interacción de los seres humanos con otros seres vivos (nuevos virus), pudieran generar catástrofes peores que la actual en los próximos años.

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