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Bolivia necesita serenidad, diagnóstico y reconstrucción

Martes, 19 de mayo de 2026 a las 04:00

Bolivia atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. La escasez de combustibles, la presión sobre el dólar, el incremento del costo de vida, la pérdida de confianza y la creciente confrontación política están generando un clima de incertidumbre que afecta tanto a las familias como a la actividad productiva.

En este contexto, preocupa profundamente que las demandas sociales hayan derivado rápidamente hacia pedidos de renuncia presidencial cuando el actual gobierno apenas cumple sus primeros meses de gestión. La protesta es legítima en democracia. Lo que debe preguntarse el país es si la confrontación permanente ayudará a resolver problemas estructurales acumulados durante muchos años.

Bolivia no llegó a esta situación de un día para otro.

La caída de la producción gasífera, el debilitamiento institucional, la creciente dependencia de importaciones de combustibles, la pérdida de reservas internacionales, el deterioro de la seguridad jurídica y la politización de numerosas estructuras estatales no comenzaron hace seis meses. Son procesos acumulativos que hoy presentan su factura. Negar esa realidad impediría construir soluciones serias.

Sin embargo, tampoco bastará con señalar culpables históricos. Bolivia necesita algo mucho más difícil: recuperar capacidad técnica, credibilidad institucional y visión de largo plazo.

La crisis actual no debe convertirse en una lucha de destrucción mutua entre bolivianos. Ningún país logra estabilizarse cuando cada sector busca la caída inmediata del otro mientras la economía continúa deteriorándose. La prioridad nacional debería ser otra: evitar que el conflicto político profundice aún más la fragilidad económica.

Para ello será indispensable abrir espacios mínimos de consenso en temas fundamentales: producción energética, seguridad jurídica, atracción de inversiones, financiamiento internacional, disciplina fiscal y recuperación institucional.

Bolivia posee recursos naturales importantes, ubicación estratégica y enorme potencial productivo. Pero los recursos, por sí solos, no generan prosperidad. Los países avanzan cuando construyen confianza, reglas claras y estabilidad.

El desafío del actual momento histórico no es únicamente político. Es también moral, institucional y técnico. Se necesita menos grito y más capacidad de gestión. Menos enfrentamiento emocional y más reconstrucción nacional. Porque Bolivia no necesita más enemigos internos; necesita volver a funcionar.

(*) Martha Jenny Hollweg Salvatierra es periodista

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