En 120 días treinta feminicidios sucedieron en el país. Treinta madres, hijas, maestras, agricultoras, comerciantes, emprendedoras, en fin, 30 de ellas murieron a manos de un hombre por machismo o misoginia. El caso más cruel sucedió en Santa Cruz, hace apenas dos días, en la zona de La Angostura. Ninguna persona está preparada para ver un ser humano ardiendo en llamas, quien descubrió en esas condiciones el cuerpo, entre matorrales, en un camino de tierra, no olvidará nunca el cuadro terrorífico.
Hasta ahora se ha dado con la identidad de la víctima, una mujer que el martes salió de su casa y jamás imaginó la crueldad con la que adelantarían su despedida de este mundo. Fue apuñalada, no una, ni dos, ni tres veces. Fueron 20 las puñaladas en el tórax, no conforme, su agresor la decapitó.
Esta semana ella estará en los titulares noticiosos, después, será un número más en las estadísticas y las olvidaremos. ¿Qué queremos? Que ninguna mujer deje de vivir en paz, que todas puedan crecer, trabajar, formar un hogar, estudiar, soñar…
A nivel regional, la Cepal informó que en 2024 al menos 3.828 mujeres fueron víctimas de feminicidio en América Latina y el Caribe, equivalente a unas 11 muertes violentas de mujeres por día. Solo tipificar el feminicidio no basta si el sistema judicial no garantiza investigaciones y sanciones efectivas. Las medidas más eficaces no son únicamente las penas más duras, sino las políticas integrales: educación temprana, atención psicológica, protección inmediata, seguimiento policial y reducción de la impunidad.