Vivimos en tiempos de narrativas. En muchos medios posicionados claramente en el espectro político, el relato se impone a la información. Ya lo vivimos en 2019 cuando medios del exterior trataban de ‘contar’ lo que sucedía en el país desde una mirada protectora y paternalista. Ellos, los medios posicionados en la izquierda argentina o en la derecha española, explicaban vehementemente los sucesos posteriores al fraude electoral de octubre. Ahora, nuevamente vemos a estos canales televisivos y digitales debatiendo sobre lo que ocurre en La Paz.
El sesgo ideológico se impone a la verdad. Y no les importa. Mientras los periodistas bolivianos y los reporteros de agencias internacionales que salen a las calles son objeto de improperios y agresiones, estos narradores extranjeros ajustan su relato a la conveniencia de sus medios. La lista de portales y canales es cada vez más larga, e intencionadamente marcada. No les importa Bolivia, les importa asentar su mirada ideologizada de la realidad. Es así que se menciona, sin rubor “las decenas de muertos en las protestas sociales que ha habido lejos de La Paz, donde los bloqueos son contundentes” que suponía un canal argentino, o la presencia de “milicias fuertemente armadas que llegaron de Cuba y Venezuela” para derrocar a Rodrigo Paz, como afirmaban desde un medio digital español.
La desinformación gana terreno. Incluso al interior del país. Páginas digitales recientemente creadas o activadas solo en tiempos de conflicto han ganado notoriedad gracias al impulso de la financiación para aparecer en los muros digitales personales. No importa tanto el apego a la verdad como la visibilidad de la publicación. Se busca la notoriedad. Así se incide en el pensamiento colectivo. Pierde, no solo la verdad, sino la convivencia social, ya que estas publicaciones exacerban, ante todo, la polarización.
La necesidad de contar con un referente. Más allá de defender el trabajo que realizamos desde la redacción de EL DEBER, y que me consta se caracteriza por el profesionalismo de sus periodistas; las audiencias deben acercarse a sus medios de referencia objetivos e imparciales. Los hay, son reconocidos por su trayectoria y labor. Son aquellos que, durante años, tejieron una credibilidad intachable por su entrega apasionada por la noticia y su compromiso con la gente. Quizá es momento de volver la mirada a los medios y periodistas de raza… quizá es momento de recuperar el sentido de la información por encima del contenido viral.