Desde Santa Cruz, enviar alimentos por vía aérea a familias de La Paz y El Alto que están sufriendo los efectos de los bloqueos de carreteras, es todo un parto. El envío de encomiendas -especialmente con carnes de res y de pollo- se incrementó de tal forma que ahora resulta difícil encontrar hasta conservadoras de plastoformo para enviar los 25 kilos de peso máximo por persona que permite el servicio de carga de la aerolínea estatal, que brinda el servicio de transporte. Pero eso no es todo. Muchos interesados se ven obligados a pasar varias horas e incluso dormir en la fila, soportando hambre, frío y todo tipo de incomodidades.
Como los cupos son limitados, hay quienes pagan desde 100 hasta 150 bolivianos por un espacio en la fila a gente que -al igual que en los hospitales públicos- se dedica a comercializar puestos en las colas. Como son pocos los vuelos diarios programados hacia la sede de Gobierno, cientos de encomiendas quedan en espera. Por lo general, aquella persona que se puso en la fila hoy, lo más probable es que logre enviar su carga al día siguiente.
Frente a esta situación, cada vez más son los pedidos al Gobierno nacional para que incremente los vuelos hacia La Paz o gestione vuelos solidarios; sin embargo, estas demandas aún no han tenido respuesta. El silencio del Gobierno es el mismo que se obtiene cuando se le pide el desbloqueo inmediato de las carreteras. Ese silencio duele, molesta y hasta causa bronca.
Si en Santa Cruz se sufre este viacrucis para enviar alimentos, duele en el alma pensar que la hambruna ya esté tocando las puertas de muchas familias paceñas que no tienen quién les mande alimentos por encomienda. ¿Qué hacemos señor presidente?