Los periodistas tenemos el privilegio de conocer a los protagonistas de la historia de una ciudad, un país y a veces del mundo. Siempre digo que me precio de haber estado en los mejores y peores lugares, y de haber conocido lo bueno y malo que el ser humano es capaz de hacer. Esta semana se conoció el fallecimiento de un grande: Runy Callaú y sobre él quiero decir unas cuantas cosas.
La gente y la sociedad en general suelen estar siempre ávidas de héroes a quién seguir. Creo que Santa Cruz ha sido y es cuna de héroes, personas que no siempre llegan a tener el reconocimiento público y que desde el anonimato lo merecen todo. Runy Callaú fue uno de esos. Muchos titulares relataron los incontables rescates que él había logrado. Inundaciones, búsqueda de personas perdidas y toda clase de desgracias naturales lo convocaron como impulsor del SAR FAB Santa Cruz y fundador del Funsar. Era de los que iba a donde nadie más quería ir.
Creo que reunía muchos requisitos para ser el héroe camba de alguna historieta, con glorias y retos como cuando vino lo peor: de ser un hombre fuerte que podía rescatar a cualquiera, pasó a ser un ser vulnerable, al que una enfermedad le privó de muchas funciones y que necesitó ayuda para cosas elementales. Pero como Dios es bueno, tuvo a su lado a una mujer que supo ser su apoyo en las buenas y en las malas, cuando muchas veces los afectos pueden salir escapando por la puerta de atrás.
Un hombre de bien se ha ido, pero dejó un gran legado.