La inseguridad que afecta a Santa Cruz de la Sierra ha dejado de ser una preocupación pasajera para convertirse en realidad cotidiana que inquieta a sus ciudadanos. La ciudad más grande y poblada del país crece en todo sentido pero ese crecimiento no ha sido acompañado por un fortalecimiento proporcional de la seguridad pública. Una guarnición policial que no supera los 10.000 efectivos, además de sus limitaciones de equipos y recursos, resulta claramente insuficiente para brindar una cobertura efectiva a una metrópoli de estas dimensiones.
Las consecuencias son visibles a diario. La escasa presencia de patrullas y policías en el área pública transmite una preocupante sensación de desprotección. La prevención, que debería ser el principal objetivo de cualquier estrategia de seguridad, queda relegada cuando los efectivos apenas alcanzan para responder a las emergencias.
El reciente asalto a una oficina bancaria, perpetrado a plena luz del día en una zona residencial, vuelve a poner en evidencia estas falencias. Un delincuente solitario redujo sin mayor resistencia al guardia de seguridad, sustrajo una suma de dinero y escapó antes de que las fuerzas del orden llegaran al lugar. Aunque el monto robado no fue elevado, el hecho refleja algo mucho más grave como la facilidad con la que un acto delictivo puede ejecutarse sin respuesta inmediata.
La ciudadanía no demanda milagros, sino decisiones concretas. Reforzar el número de efectivos, mejorar su equipamiento, incrementar el patrullaje preventivo y fortalecer la coordinación entre instituciones son medidas impostergables para preservar la tranquilidad, la confianza y la calidad de vida de la gente en la urbe cruceña.
(*) Pedro Rivero Jordán es presidente del Consejo Editorial