Cuando estamos virtualmente a la mitad de la gestión escolar 2026 y con la inminente aplicación del horario de invierno, debido a un pronosticado descenso de las temperaturas, una triste constatación golpea en Santa Cruz de la Sierra: miles de escolares van a pasar clases en pleno surazo, en colegios que tienen pupitres desgastados, las ventanas con vidrios rotos y algunos incluso están sin techo.
Un recorrido realizado por periodistas de EL DEBER permitió constatar las denuncias de vecinos sobre lo descuidada que se encuentra gran parte de la infraestructura de la educación pública, víctima de una tremenda desatención por parte de la gestión municipal anterior, que lejos de priorizar la enseñanza como uno de los derechos fundamentales de las personas, simplemente le dio la espalda. Los cartones colocados en las ventanas pueden tapar el frío, pero quedan como un sello de precariedad, en vez de la calidad en la que merecen nutrirse de conocimiento esos niños y jóvenes considerados ‘el futuro de la Patria’.
Un desafiante reto asumen las nuevas autoridades en el municipio cruceño, porque hay decenas de escuelas por reparar, a fin de saldar una deuda histórica con el mantenimiento de las mismas. Es que en los cuatro primeros meses de este año no se realizaron ni siquiera las reparaciones más apremiantes, es por eso que hay establecimientos educativos con los baños colapsados, maestros que enseñan con pizarras sobre el suelo, puertas sin chapas y luminarias sin reemplazar.
Ante este panorama tan desolador, consuela constatar que al menos los padres de familia no se quedaron de brazos cruzados. Asumieron una responsabilidad y gastos que no les corresponden, con la organización de rifas y mingas, para reunir dinero y esfuerzo que permitieran -en algunos casos- realizar los arreglos más urgentes. Y fueron más allá, al haber comprado material de construcción para levantar aulas donde sus hijos puedan pasar clases, ante la desidia de las autoridades que estuvieron al mando de la alcaldía en los últimos cinco años.
Los maestros también han ido más allá de sus funciones, al colocar decorados en las aulas y colorido material didáctico para que los escolares tengan al menos un ambiente con calidez. Aportando tiempo y dinero que no les sobra, los educadores pretenden así que sus alumnos puedan encontrar en la ambientación cierto alivio en medio de las carencias.
Se destacan todas esas buenas intenciones, pero ellos mismos saben que no es suficiente. Por eso, acuden a las nuevas autoridades para encontrar una respuesta rápida y efectiva, para que los escolares puedan pasar clases en entornos adecuados para el desarrollo intelectual. Padres de familia y maestros piden también la pronta reposición del desayuno escolar, una obligación del municipio capitalino que también fue dejada de lado. La merienda es considerada un elemento clave para el rendimiento académico, a fin de cumplir aquella sabia máxima de ‘mente sana, en cuerpo sano’.
Es inaceptable que, en una de las ciudades con mayor crecimiento económico del país, la educación básica reciba un trato de segunda mano. La brecha entre los módulos educativos modernos y la realidad de los barrios periféricos se profundiza, generando una educación desigual donde los más vulnerables pagan la improvisación de sus autoridades. Sin duda que para el nuevo gobierno municipal hay tareas importantes y también las urgentes. Pues la educación aplica en las dos categorías, por tanto, es menester que cuanto antes, cuando se aproxima el invierno, Santa Cruz de la Sierra deje de tener escuelas en ruinas.