Cuando Expocruz abra nuevamente sus puertas en septiembre, Bolivia llegará a la cita en uno de los momentos más complejos de su historia reciente. Los casi 50 días de bloqueos de carreteras, la caída de la actividad económica, el deterioro de la imagen internacional del país y la incertidumbre que aún rodea a diversos sectores productivos configuran un escenario poco alentador. Las proyecciones económicas para los próximos años hablan incluso de una contracción del PIB y de efectos que podrían extenderse mucho más allá de la coyuntura actual.
Sin embargo, si algo ha demostrado la historia de Expocruz es que las grandes transformaciones suelen surgir precisamente en los momentos más difíciles.
La feria multisectorial más importante de Bolivia cumple esta gestión 63 años de trayectoria y celebra medio siglo desde que adquirió carácter internacional. Su historia está estrechamente ligada a la evolución de Santa Cruz, una región que pasó de ocupar un lugar periférico en la economía nacional a convertirse en el principal motor productivo del país.
Pero la historia de Expocruz también es la historia de una institución que ha sabido sobrevivir, adaptarse y reinventarse frente a cada crisis. Sobrevivió a las crisis económicas de los años ochenta, a los cambios de modelo económico, a los ciclos de inestabilidad política y, más recientemente, a la pandemia del COVID-19, que puso en cuestión el concepto mismo de las ferias presenciales. Una vez más, la institución supo adaptarse, innovar y recuperar gradualmente su actividad.
Hoy, cuando Bolivia enfrenta una nueva crisis, esa experiencia acumulada adquiere un valor especial.
La edición 2026 prevé la participación de 30 países de cuatro continentes, más de medio millón de visitantes, ruedas de negocios e intenciones comerciales. En un contexto donde el país necesita recuperar confianza, atraer inversiones y reconstruir su imagen internacional, Expocruz puede convertirse en una poderosa señal de que Bolivia sigue siendo una nación capaz de producir, emprender y generar oportunidades.
No es casualidad que las economías más desarrolladas del mundo continúen invirtiendo miles de millones de dólares en recintos feriales. Las ferias son espacios donde convergen innovación, tecnología, conocimiento, cultura y negocios. Son escenarios donde nacen alianzas estratégicas, se identifican nuevas oportunidades y se construyen redes de cooperación que impulsan el desarrollo económico.
Santa Cruz ha demostrado una y otra vez que sabe responder a la adversidad con trabajo, producción e iniciativa. Hoy, cuando la conflictividad amenaza con profundizar el deterioro económico nacional, el departamento vuelve a convertirse en un foco de esperanza. No solo porque sostiene gran parte de la seguridad alimentaria y de la actividad productiva del país, sino porque mantiene viva una visión de futuro basada en la creación de riqueza, la apertura al mundo y la cooperación entre sectores.
Expocruz siempre ha sido un reflejo de ese espíritu. Pero este año tiene además una responsabilidad mayor. Puede convertirse en un punto de encuentro para una Bolivia que necesita reencontrarse consigo misma. Puede ayudar a proyectar una imagen distinta del país, atraer nuevas inversiones, impulsar la recuperación económica y demostrar que existen caminos más efectivos para construir progreso que la confrontación permanente.
Más que una feria, Expocruz representa una forma de entender el desarrollo. Y en tiempos de incertidumbre, esa visión puede ser precisamente el factor de unión que Bolivia necesita para comenzar a salir del difícil momento que atraviesa.