Opinión

La vieja discusión sobre la integración de los mercados regionales de gas natural

Décio Oddone/CEO de Enauta S.A. y fue Director-General de la Agencia Nacional del Petróleo de Brasil

15/8/2021 07:10

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Recién se llevó a cabo la 30ª edición de La Jolla Energy Conference. Durante estos 30 años, un tema recurrente ha sido la integración de los mercados regionales de gas. Este año no fue diferente.

El comercio regional surgió hace unos 40 años, con las exportaciones de Bolivia a Argentina. Ganó fuerza a partir de la década de 1990, con el gasoducto Bolivia-Brasil (Gasbol) y varios otros que conectan Argentina con Chile, Uruguay y Uruguaiana.

Los gasoductos eran la forma de conectar reservas con mercados. Y parecía que la integración tenía sentido y favorecería la eficiencia de las economías regionales.
Las medidas iniciales arrojaron resultados alentadores. Crecieron las reservas y la producción de Bolivia y Argentina. El consumo aumentó, surgieron iniciativas, como el ‘anillo energético’ compuesto por gasoductos que unían Bolivia con Argentina y Brasil, y Argentina con Chile, Uruguay y Brasil. 

Hasta que cambiaron los vientos de la política. Y llegaron al poder gobiernos con inclinaciones nacionalistas. La caída de la producción en Argentina y la renegociación forzosa de contratos (la llamada nacionalización) en Bolivia destruyeron la confianza necesaria para que las inversiones fueran posibles. Faltó gas en Buenos Aires. Argentina cortó las exportaciones a Chile, Uruguay y Brasil. Se construyeron terminales de gas natural licuado (GNL) en Chile, Argentina y Brasil.

 La ampliación del Gasbol, el gasoducto del Noroeste argentino y el de Montevideo a Porto Alegre no han avanzado. La terminal de GNL de Uruguay nunca salió adelante. La conexión entre Uruguaiana y Porto Alegre no se completó. El ‘anillo energético’ quedó incompleto.

La confianza ha sido reemplazada por la seguridad energética nacional. Otras iniciativas, como el Gran Gasoducto del Sur, que uniría a Venezuela con Argentina, nunca tuvieron viabilidad. El sueño de la integración regional había llegado a su fin. Para nunca más ser viable.

El mundo cambió. El GNL representó el ocaso de los grandes gasoductos. Se ha convertido en una especie de gasoducto virtual, con una enorme flexibilidad para el vendedor y para los compradores. Sin la dependencia física y política creada por un gasoducto. El shale en EEUU redujo los precios y aumentó la oferta. Han surgido nuevas plantas de GNL, que han ocupado espacio en las importaciones de Chile, Argentina y Brasil.

Hubo un proceso que puede denominarse ‘desintegración’ regional. Se descubrieron reservas en Brasil. Sin embargo, la importancia de las exportaciones para Bolivia y la esperanza de utilizar los recursos de la formación Vaca Muerta de Argentina continúan alimentando las expectativas de una mayor integración. Se discute incrementar las ventas de Bolivia. Se nutre la idea de completar el vínculo entre Uruguaiana y Porto Alegre e incluso de revertir el rumbo del tramo sur de Gasbol para llevar gas argentino. También se especula utilizar la infraestructura de Bolivia para llevar gas argentino a Brasil.

Todo esto es poco probable. Las reservas de Bolivia están disminuyendo. Argentina tiene un mercado estacional, com excedentes en verano y necesidad de importar en invierno. Para incrementar producción, sería necesario una terminal de exportación. Difícil de viabilizar cuando el Gobierno necesita aprobar repetidos planes de incentivos. El denominado Gas Plus o Plan Gas, este último ya en su cuarta versión.

Con dudas sobre la oferta boliviana y la estacionalidad y peculiaridades del mercado argentino, la construcción de nuevos gasoductos no parece factible. El aumento de las exportaciones bolivianas parece poco probable. El uso de infraestructura boliviana para mover gas argentino es una idea difícil de viabilizar.

A medida que el mercado brasileño se abre y Petrobras deja de ser el único importador, el gas regional debe competir con la producción local y con el GNL importado, la referencia de precio. El boliviano tiende a ser más atractivo en el medio oeste, mientras que el argentino puede ser competitivo en el sur. En el sureste el gas local debería ser dominante.

La mayor integración imaginada hace 20 años está en el pasado. Es más probable que se produzca un aumento en el comercio regional a través del GNL o subproductos como la electricidad, los petroquímicos, los fertilizantes o el hidrógeno en el futuro. La lección permanece. Medidas intervencionistas impidieron una mayor integración cuando era posible. Ahora, en estos tiempos de aceleración de la transición energética, parece tarde.

*Ese artículo fue originalmente publicado por Broadcast Energia.

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