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Cómo superar la crisis

Viernes, 22 de mayo de 2026 a las 04:00

En 2025 Bolivia votó mayoritariamente en contra del MAS -así lo demuestra la composición del Legislativo- y ello ocurrió por los perjuicios económicos que está causando la aplicación de su modelo. Pero, aunque ahora sea minoritario, su ideología y estructura se mantienen, como lo demuestra la movilización actual. El gobierno de Rodrigo Paz debe definirse entre continuar con ese modelo, y profundizar la crisis económica, o iniciar uno alternativo.

El Movimiento al Socialismo, desde sus inicios, fue corporativista, siempre estuvo integrado por organizaciones sociales. Y, como en 2003 con la “Guerra del Gas”, actualmente aprovecha la emergencia de distintos reclamos para intentar que se logre, como en aquella oportunidad, la renuncia del presidente electo. Pero actualmente la situación es muy diferente.

No sólo porque el gobierno actual se cuida mucho de que haya muertes sino porque, así como la “Agenda de Octubre” de 2003 - realizar un referéndum sobre exportar gas por Chile y aumentar los impuestos a las petroleras (o nacionalizarlas), y convocar a una Asamblea Constituyente (Peñaranda R. 2013)- logró un amplio consenso, en esta oportunidad en lo que hay un amplio consenso es en que el MAS es el responsable de la actual crisis económica.

Y lo es, porque, una vez llegado al gobierno, aprovechó las respuestas mayoritarias del referéndum para ir más allá: a partir de 2006 implementó un modelo de desarrollo económico y social según el cual el capitalismo, ya “senil”, debía dar paso a un nuevo modo de producción, el socialismo en términos marxistas: llegar a eliminar la propiedad privada de los medios de producción, pero -ellos proponían- gradualmente (Arce L. 2011).

Empezaron por expropiar las empresas de hidrocarburos -recientemente capitalizadas- y metalúrgicas, y las que generaban y distribuían electricidad, también recientemente capitalizadas, a fin de retener las utilidades que esas empresas generaban y con ellas industrializar al país a partir del procesamiento de materias primas. En el modelo, estas empresas estatales eran “estratégicas”.

Pero el modelo era obsoleto: a) la experiencia mundial ya había demostrado que el motor de las economías son el emprendimiento privado y la competencia, b) seguía haciendo a nuestra economía dependiente de la demanda mundial de materias primas, reflejada en la evolución de sus precios, y c) porque las burocracias no buscan utilidades sino rentas. Bolivia se mantendría en el extractivismo y el rentismo.

Sin embargo, el aumento del valor de las exportaciones de gas en el comienzo de siglo se reflejó en un crecimiento de la economía boliviana que permitió creer que el modelo funcionaba. Pero este crecimiento se originaba principalmente en el aumento de precios de las materias primas generado por la acelerada industrialización de China. Entre 2000 y 2005 el precio del gas exportado se había duplicado, pasando de $2 a $4 por MMBTU, y entre 2005 y 2010, estando ya el MAS en el poder, se volvió a duplicar, pasando de $4 a $8 por MMBTU (BCB 2025).

Sólo en el quinquenio 2010 y 2015 el precio promedio del gas exportado era inferior al de los anteriores y puso en evidencia que, al contrario de las empresas capitalizadoras cuyo objetivo era obtener utilidades, el monopolio estatal no había invertido lo suficiente en exploración: las exportaciones tendieron a bajar y finalmente se agotaron las reservas monetarias.

Hay que cambiar el modelo del MAS pero, al parecer, por ahora el gobierno de Rodrigo Paz no tiene esa intención. Sus ministros reiteran que mantendrán al Estado como actor central de la economía y no privatizarán las empresas “estratégicas”.

Pero lo que el Ejecutivo debe hacer es definir con la mayoría parlamentaria una nueva estrategia de desarrollo. Un nuevo modelo donde, para no seguir dependiendo de la producción y los precios de las materias primas lo estratégico sea -según lo venimos sosteniendo- lograr una educación de máxima calidad para poder generar innovaciones tecnológicas y empleo de calidad para tod@s. 

Y la experiencia mundial demuestra que el motor del desarrollo es la competencia. Se podría aceptar no privatizar las empresas estatales “estratégicas” del modelo del MAS pero hay que exponerlas a la competencia, como se hace en China. Y tomar en cuenta los intereses particulares de las organizaciones sociales representativas -incluidas las de empresarios y cuentapropistas- pero que sea el Legislativo el que defina las reglas del juego.

(*) Iván Finot es economista, especializado en descentralización y desarrollo

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