Escucha esta nota aquí


Por Rita Medina: Nutrición. Dietética

Los alimentos dulces suponen una tentación para la mayoría de las personas y, en general, su consumo se ve acentuado durante la niñez y la adolescencia. En algunos casos, los papás los utilizan a modo de recompensa o premio que ofrecen a sus hijos, convirtiendo a los dulces en alimentos habituales de su dieta.

Al llegar a la adolescencia estos hábitos son difíciles de desterrar y, aunque no es necesario eliminar totalmente su presencia de la alimentación, es importante que su consumo esté controlado.

La publicidad de los dulces

Diversos estudios sobre hábitos alimentarios muestran la influencia de la publicidad, la moda en la comida rápida y la falta de tiempo, entre otros factores, hace que niños y adolescentes, cada vez sustituyan un almuerzo o merienda compuestos por fruta, jugos, derivados lácteos, bocadillos o sándwiches variados, por bollería industrial.

Las consecuencias

Su elevada concentración de azúcares y su abundante grasa buena parte de ella saturada y grasa trans que es más perjudicial para el corazón y las arterias hacen que el consumo frecuente de galletas, magdalenas, cruasanes y similares no sea saludable.

El abuso de dulces tiene, irremediablemente, consecuencias sobre la salud. Favorece la aparición de caries, problemas de sobrepeso, aumenta el riesgo de desarrollar diabetes mellitus y contribuye a reducir la concentración de nutrientes de la dieta, por lo que aumenta la deficiencia nutricional.

Calorías vacías

Los alimentos dulces y grasos pueden considerarse fuente de calorías vacías ya que apenas aportan un mínimo de proteínas, vitaminas, minerales o fibra. Además, como consecuencia del abuso de dulces, es frecuente que durante la adolescencia se manifiesten deficiencias de las vitaminas B1(tiamina) y B2 (riboflavina).



Las vitaminas B1 y B2

La tiamina y la riboflavina son solubles en agua y forman parte de las vitaminas del grupo B. Ambas desempeñan importantes funciones en el organismo.

Funcionan como cofactores de diferentes sistemas enzimáticos relacionados con la obtención de energía a partir de los hidratos de carbono o azúcares.

Por tanto, tomar con frecuencia y en cantidad los alimentos llenos de azúcares y grasas hace que el organismo necesite un aporte extra de B1 y B2. Consumir alimentos con exceso de azúcares y harinas (productos refinados) también provoca una pérdida de otras vitaminas y minerales, y que se elimine un porcentaje importante de fibras.

¿Carencia de B1 y B2?

Se manifiesta con estados de apatía, fatiga y debilidad. La vitamina B1 es esencial para las conexiones nerviosas, por lo que un nerviosismo y una irritabilidad injustificada en los niños puede ser signo de deficiencia de dicha vitamina.

La carencia de vitamina B2 en la dieta puede provocar trastornos oculares como fotofobia (dolor ocular producido por la exposición a la luz), además de llagas en la boca y enrojecimiento de los labios o de la piel.

Menos azúcar + salud

El consumo sin control de alimentos dulces puede provocar un estado de adicción, y tomar consciencia de ello significa una victoria para la salud de la familia.


Comentarios