Abandonados a su suerte desde el primer día, números damnificados por el doble terremoto intentan desesperadamente recuperar los cuerpos de sus seres queridos y para ello se lanzan a remover los escombros por su propia cuenta. Melissa Barra, enviada especial de RFI a Caraballeda, en el estado La Guaira, recogió el testimonio de dos de ellos. Un reportaje con Jad El Khoury.
Un hombre se acerca a un grupo de rescatistas franceses. Sin hablar su idioma, logra explicar que se llama Juan Rodríguez y está averiguando dónde está el campamento de los socorristas porque quiere avisarles en cuanto localice los restos de su hermana Dayana.
"Ella estaba en el piso seis. Sacamos ya a diez familiares. Me falta solo ella. Nosotros estamos haciendo la búsqueda familiarmente. Una vez que tenemos a la persona visualizada, intentamos sacarla. Pero cuando se nos pone complejo, necesitamos ayuda. Buscamos otros profesionales para que ellos nos ayuden, si no está en nuestras manos. La búsqueda la estamos haciendo con las manos y las uñas. Ya yo he traído tres maquinarias prestadas", dice.
A unas calles de ahí, Valeria, una joven de Caracas, también suplica que la ayuden. Sabe exactamente dónde está su padre. Desde hace días, puede ver su cuerpo en medio de los escombros. Él se había mudado a Caraballeda dos días antes de los terremotos.
Entierro digno
"Quisiéramos enterrarlo dignamente. O sea, recuperar lo que se pueda. Yo sé que mi papá ya no está ahí al 100%. Esto lo entiendo. Pero tampoco puedo dejarlo ahí como si fuese cualquier cosa. Yo compré, pedí prestado, o sea, me prestaron, una planta eléctrica. Tengo las palas, los picos, el esmeril. Compré los discos de corte, tengo un taladro eléctrico, también comprado. No necesito una cuadrilla gigantesca. Necesito tres o cuatro personas que me ayuden. Y eso no va a tomar más de medio día".
La ONU estima que decenas de miles de personas están desaparecidas. A este ritmo, localizar y recuperar a todas las víctimas tomará semanas.