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El doctor en Ciencias Económicas Juan Antonio Morales Anaya dirigió el Banco Central de Bolivia (BCB) durante 11años de manera continua (1995-2006). En contacto con Dinero, Morales expone su visión sobre la situación económica del país, las medidas que aplica el Gobierno y las reformas estructurales que se requieren para retomar la senda del crecimiento.

 _ ¿Se tiene una estimación del impacto económico del Covid-19 en Bolivia?

Los datos todavía no están disponibles, pero se puede suponer razonablemente que los efectos del Covid-19 serán fuertes, significativos y negativos. Las previsiones del Banco Mundial son de una caída del 3,4% (del Producto Interno Bruto) con relación a 2019 y lo mismo el Fondo Monetario Internacional estima un descenso del 2,9%; entonces, son significativas. Pero en mis propios cálculos , la caída puede ser más grave; en el peor de los escenarios puede ser por encima del 7% y en el escenario moderado, del orden del 5%.

_ Los organismos internacionales prevén para Bolivia una recesión en 2020 y un repunte del PIB en 2021 ¿coincide con ellos?

Eso es cierto, el Banco Mundial (BM) y el FMI pronostican que en 2021 la economía se recupere, pero creo que será una recuperación más lenta. Ellos suponen una recuperación en ‘V’, para usar una terminología; es decir, una caída fuerte, pero también rápida recuperación. Sin embargo, yo creo que tomará la forma de una ‘U’ con base amplia; es decir, que tomará varios años para que volvamos a los índices de 2019.

_ ¿Su previsión en ‘U’ es porque se trata de salud?

Sí, no hay que olvidarse que llevamos casi dos meses de cuarentena y muchos de los sectores de la economía boliviana estuvieron completamente parados. Fíjese servicios, restaurantes, hoteles, todo lo que es turismo estuvo parado al 100% y solo algunas industrias se han defendido, quizás las ligadas a alimentos, pero un 80% estuvo sin movimiento.

_ En la banca, los depósitos van a la par de los ingresos, pero las utilidades disminuyen, ¿por qué se da esta figura?

Al finalizar el primer trimestre esa operación del BCB a las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), que le vendieron sus bonos para que preste a la banca, hizo crecer los depósitos, pero la cartera, que es lo más importante en materia de generación de utilidades en la banca, estuvo aumentando muy lentamente. Ahora, porque la economía estuvo parada casi tres meses, los créditos aumentaron en solo $us 56 millones hasta abril comparado con diciembre de 2019, lo que es muy poco significativo.

Es una situación difícil. Si el FMI y el BM no están mal en sus previsiones, dicen que desde julio de 2020 se estaría normalizando la situación, pero yo, francamente, no creo que suceda.

_¿Cuál es su percepción de las medidas económicas ejecutadas por el Gobierno?

Considero que están en una buena dirección, pero son insuficientes, porque esta es una crisis doble. Es una crisis de oferta y de demanda. Entonces, las medidas del Ejecutivo atienden la demanda para impedir que caiga, pero por el lado de la oferta, no hay mayor medida. Y para hacer que la oferta se restablezca será necesario salir de la cuarentena de una manera ordenada.

Tomando el ejemplo de otros países, haciendo los test. Yo creo que estamos muy atrasados en el número de pruebas o la presencia de anticuerpos, y en eso tenemos un importante atraso con respecto a los otros países. Es una de las primeras cosas que se tenía que hacer, test masivos en el país para identificar los focos de contagio o los focos que estando contagiados vencieron la enfermedad y tienen los anticuerpos necesarios.

_ ¿Y el plan de empleos?

Es empleo transitorio y me parece que ya lo hemos visto. Los efectos en el crecimiento económico no son nulos, pero son limitados. Lo vimos en el Fondo Social de Emergencia, y al finalizar los años 80 teníamos el Plan de Empleos. Entonces, son medidas que son más bien paliativos que soluciones de fondo.

_ ¿Y qué propone para generar más fuentes de trabajo?

Definitivamente, debe haber reformas estructurales importantes, mayor simplicidad en la legislación laboral porque es demasiado restrictiva e impide la creación de empleos en momentos en que están amenazados por los efectos del coronavirus. Entonces, irónicamente la legislación es la que impide tanto el mantenimiento como la creación de nuevos empleos.

_ ¿Y la norma de alivios tributarios es suficiente?

Creo que deben concederse alivios tributarios a las empresas y brindar apoyo fiscal del Gobierno, pero se debe discriminar. Hay empresas a las que no les fue nada mal, por ejemplo, las de productos de limpieza, las de telefonía e internet. Por ejemplo, Amazon y Netflix tienen utilidades altas, ganaron como nunca y aumentaron suscriptores. Entonces, deben darse alivios tributarios, pero no de manera indiscriminada.

_ Sin embargo, están complicados los ingresos para el Estado por la caída del petróleo...

Sí, el sector fiscal boliviano sufrirá muchísimo. El efecto será por dos lados, uno por el lado de los ingresos que se dejarán de percibir por el IDH, por la caída del precio del petróleo, porque disminuye el precio del gas natural, y también las recaudaciones del mercado interno con el Impuesto al Valor Agregado (IVA) con la economía parada durante dos meses. También el IUE tiene un diferimiento, aunque la base de ese tributo es la actividad de 2019, pero el diferimiento otorgó liquidez a las empresas. Entonces, el Tesoro General del Estado está en una situación muy delicada porque aumentaron los gastos para atender la emergencia sanitaria, las familias y el sector privado.

Entonces, la situación hace prever que se debe esperar un déficit que ya era alto en 2019, que era del 7%, y puede ser que llegue al 9%, que es una visión conservadora. Sin embargo, tampoco es el fin del mundo. En muchos países, no solo de la región, sino del mundo entero aumentaron los déficits fiscales fuertemente.

Hay muchos gastos adicionales para atender la emergencia y también por el lado de los ingresos, no se debe olvidar la contribución de los hidrocarburos, y cayendo los ingresos por el gas también bajan las recaudaciones.

_ Hablando del déficit fiscal, ¿aconseja un reajuste del aparato estatal?

Definitivamente. El Estado debe ser más eficiente, y tener mucho cuidado con el plan de inversiones públicas. Hay proyectos que deben continuar, pero otros se deben revisar y postergarse.

_ Algunos analistas sugieren aplicar una ‘economía de guerra’ ¿está de acuerdo?

Es cierto que se habla de hacerlo si se cumple una caída del PIB del 7%, pero esperemos que no suceda. Y en ese caso, efectivamente estaríamos en una ‘economía de guerra’ tomando medidas muy heroicas, fiscales, monetarias. Medidas que tienen que ver con el restablecimiento de la oferta. Por ejemplo, levantar la cuarentena, pero mantener los toques de queda, impedir aglomeraciones de más de 10 personas, como lo hacen en otros países.

_ ¿Cuáles deberían ser las soluciones estructurales?


En soluciones de fondo tiene que haber más inversión privada, y eso implica restablecer la confianza en la política económica del Gobierno. También vamos a necesitar apoyo internacional, Bolivia tiene que acceder a los recursos internacionales, ha conseguido algo, pero todavía es poco.

Hay $us 60.000 millones del FMI, hay $us 50.000 millones de la CAF, el Banco mundial ha dado $us 170 millones. Es decir, las cifras que se necesitan para volver a los niveles de 2019, que no eran tan maravillosos, como en años anteriores, pero ahí Bolivia debe presentar un buen plan que le permita acceder a estos recursos y endeudamiento en mercados privados a través de bonos soberanos. Varios países lo han venido haciendo; por ejemplo, México, Perú y Paraguay, y nosotros podemos hacerlo también, pero siempre y cuando negociemos bien y demos garantía de que vamos a poder pagar esas deudas.

_ ¿La solución a esta crisis puede estar en “imprimir dinero”, como han sugerido algunos economistas?

Ya hay financiamiento monetario, que es el término técnico del préstamo del BCB al Tesoro para pagar los gastos de la emergencia sanitaria, y eso fue imprimiendo billetes. La misma operación del BCB con las AFP es una forma sutil de creación de dinero. Ahora, de que internacionalmente hay un gran debate al respecto, para los bancos centrales y los economistas ortodoxos, era casi un pecado mortal financiar los déficits fiscales imprimiendo dinero, pero ahora lo están haciendo en EEUU y en Europa. Claro que esos países tienen una cualidad que nosotros no tenemos. Esos países no utilizan otra moneda, sino su propia moneda para sus gastos. Los americanos y los europeos no convierten sus monedas a otras divisas.

En cambio, en Bolivia si hay una expansión monetaria muy fuerte, el riesgo es que eso se vaya en contra de las reservas internacionales; es decir, que la gente cambie sus bolivianos por dólares y ese es un riesgo. No estamos en una situación muy holgada de reservas, aunque todavía están bien, pero no son los niveles de 2014, y por ello se necesitará tener cuidado con las reservas porque, finalmente, son la última garantía de nuestra propia moneda.

_ ¿Cómo imagina el retorno a la ‘nueva normalidad’?

Hay que decir que esta crisis agarró a Bolivia con una economía muy debilitada. En la última década, el Gobierno del MAS había debilitado muy fuertemente la economía y entonces, en esta situación, le viene un shock muy fuerte como el coronavirus y la cuarentena para mitigar los efectos sanitarios. Eso tiene consecuencias importantes sobre la economía y las consecuencias serán duraderas. Sin embargo, ojalá yo me equivoque y ojalá, la gente del FMI y del BM que esperan una recuperación rápida de la economía estén en lo cierto.

_ ¿Considera que existe un paralelo entre esta crisis sanitaria y la Gran Depresión?

Existe en la demanda, pero hay una diferencia fundamental con la Gran Depresión (1929) y es la oferta que viene de esta cuarentena, de la interrupción del comercio internacional y las cadenas de valor. Muchas empresas en EEUU dependían de insumos chinos, pero ahora debido a estas restricciones esas cadenas se están interrumpiendo y están dificultando la distribución en los países industrializados y también a nosotros. Las cadenas de valor se están interrumpiendo y la distribución de la producción también está afectada por la cuarentena.

_ Entonces, es evidente que habrá un cambio a nivel de comercio internacional...

Así es. Mucha gente habla de que el mundo se estaría ‘desglobalizando’. El movimiento anterior era hacia la globlación, pero ahora se está mirando a la inversa, hacia adentro, hacia el mercado interno justamente por miedo a lo que venga de otros países, incluyendo el miedo al contagio.

_  ¿Usted considera que esta crisis puede cambiar la desigualdad entre países y dentro de los países?

Yo creo que puede cambiar la desigualdad, pero para peor. Los países más pobres sufrirán más los efectos de la crisis que los países ricos. Los países pobres tienen poco espacio, no pueden mover los codos suficientemente. Entre países también está el temor de que se produzca una mayor desigualdad entre la gente. Simplemente, mire los casos de los estudiantes de colegios privados que continúan las clases por internet, porque tienen acceso en sus hogares, pero en los colegios donde van los niños de escasos recursos, muchos no tienen acceso a internet, solo a teléfonos inteligentes. Y eso se da internacionalmente. Los colegios particulares son prestigiosos y los resultados de Bolivia de esos colegios como el Alemán o Franco Boliviano son comparables y hasta mejores que los de colegios en Alemania o Francia, y entonces, si encima se privilegiaron con acceso a tecnología, tienen una ventaja y acceso a las tecnologías a la información, cosa que agrandará la distancia.

_ Se estima que 2,8 millones de bolivianos retornarán a la pobreza…

Hay dos cosas. Uno es el ingreso y el otro la pobreza. Es posible que mucha gente, sobre todo por el sector informal, que ya estaba en la ‘clase media vulnerable’ vuelva a caer en la pobreza. Vulnerable porque habían salido de la pobreza, pero estaban en una situación delicada que los podía hacer regresar a esa condición.


PERFIL

Juan Antonio Morales obtuvo su licenciatura y su maestría en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, en 1967. En la misma universidad se le otorgó el título de Doctor en Ciencias Económicas en 1971. Su tesis doctoral fue publicada por la prestigiosa editorial de textos científicos Springer Verlag, de Berlín, Alemania. Desde 1974 es profesor de la Universidad Católica Boliviana. Ha sido director del Instituto de Investigaciones Socioeconómicas de 1974 a 1995 y decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Financieras el año 2008. Tiene ocho libros publicados y numerosos artículos en libros y revistas científicas. De septiembre de 1995 a abril de 2006 fue presidente del Banco Central de Bolivia. Es miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.