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Cara a cara

Sabado, 06 de junio de 2026 a las 06:00

Lejos de esa mirada, la verdadera educación y la principal función formadora de los padres radica en la posibilidad de inculcar los valores fundamentales, tanto individuales como sociales, en sus hijos.

"La educación no cambia el mundo. La educación cambia a las personas, y las personas cambian el mundo”. El reconocido pedagogo brasileño Paulo Freire, autor de esa frase, puso el foco formador en las personas, en los estudiantes. Muchos años después y a pesar de la consistencia reflexiva lograda; la educación no siempre prioriza a los estudiantes. Por ejemplo, en Bolivia, seguimos anclados a una ley educativa surgida desde la ideologización pedagógica. A eso se suma un magisterio sindicalizado que se impone a miles y miles de maestros que cada jornada se esfuerzan por construir un mundo de mejores personas. 

“Un niño, un profesor, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo". La joven premio Nobel de la Paz, Malala Yousafzai, es otra de esas voces convencidas que la revolución – la verdadera, la que cambia personas, sistemas y sociedades sin apelar a la violencia – tiene su origen en la educación comprometida. Su reconocimiento mundial supuso un impulso para millones de profesores que, en silencio, se vuelcan por transformar, cada día un poco, la realidad de sus estudiantes. En Bolivia tenemos grandes ejemplos de esa vocación apasionada que reinventa dinámicas para alentar el aprendizaje de los estudiantes.

“Lo mejor que un padre puede dar a su hijo es una buena educación”. Esta vez no pudo ubicar al autor de la frase. Eso sí, no me caben dudas del destinatario. En una sociedad marcada por el inmediatismo del resultado, muchas familias limitan la educación a la nota obtenida en las pruebas. Ese número, al parecer, equivale al éxito. Lejos de esa mirada, la verdadera educación y la principal función formadora de los padres radica en la posibilidad de inculcar los valores fundamentales, tanto individuales como sociales, en sus hijos. El saber académico se complementa con el saber hacer y, sobre todo, el saber ser. El reto, en este día del maestro, radica en la capacidad de enseñar valores a los estudiantes y, para ello, estamos obligados a sentir esos mismos valores.
 

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