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Cara a cara

Sabado, 13 de junio de 2026 a las 06:00

Hace años, chicos y grandes miraban el mundial con atención para, después, llevar esa ilusión a las canchas de barrio e imitar a la Naranja Mecánica de Cruyff, las carreras del Diego, las atajadas de Dino Zoff o los pases largos de Beckenbauer. En esos tiempos, el fútbol se vivía en la calle. Ahora, con el nuevo formato que incluye 48 equipos, me alisto para ver el Haití- Escocia,

El fútbol ha cambiado. Las primeras jornadas del mundial 2026 apenas han despertado la atención de millones de fanáticos en el mundo. Es cierto que la emoción por la inauguración, el reencuentro con la cita más importante del fútbol, la posibilidad de presenciar el primer gol y el primer expulsado generó una alta expectativa. Pero, más allá de este partido inaugural, es innegable que el mundial ha cambiado.

Los caprichos se imponen. Y no me refiero a las excentricidades que pueda tener una u otra estrella del fútbol. El otrora poderoso Gianni Infantino, presidente de la FIFA, se ha mostrado increíblemente sumiso a la organización del campeonato y a las imposiciones de Donald Trump. Los primeros en sufrir al peculiar presidente de Estados Unidos han sido los diversos seleccionados nacionales que representan a los países clasificados. Problemas en los aeropuertos, expulsión de integrantes de delegaciones, árbitros o periodistas marcaron las jornadas previas. En el caso de los aficionados, ocurre otro tanto. Ya han denunciado incluso que el mundial Estados Unidos- México y Canadá será el más caro de la historia por el elevado valor de las entradas y la complejidad para acompañar a las selecciones durante los diversos encuentros.

Es el negocio del entretenimiento. Y la FIFA lo sabe muy bien. Hace años, el fútbol era entretenido porque era divertido. Hace años, chicos y grandes miraban el mundial con atención para, después, llevar esa ilusión a las canchas de barrio e imitar a la Naranja Mecánica de Cruyff, las carreras del Diego, las atajadas de Dino Zoff o los pases largos de Beckenbauer. Años más tarde, los jóvenes soñaban con emular a CR7 o Messi, probaban las gambetas de Ronaldinho y, los más osados, se aventuraban con el corto de cabello del Ronaldo, el fenómeno. En esos tiempos, el fútbol se vivía en la calle. Ahora, con el nuevo formato que incluye 48 equipos, me alisto para ver el Haití- Escocia, un emocionante partido en el que, de seguro, ganan los derechos de transmisión, las publicidades y los sponsor. 
 

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