Niños, jóvenes y adultos rescatados de entre toneladas de escombros; familiares sumidos en llanto durante el reencuentro, celebrando estar con vida; personas buscando desesperadamente a sus seres queridos desaparecidos; un ejército de voluntarios trabajando contrarreloj en procura de hallar aún con vida a las víctimas, esa es la cruda realidad que vive actualmente Venezuela, donde el miércoles, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 han provocado luto y dolor.
En las redes sociales se han viralizado videos donde se observa cómo rescatistas retiran de entre toneladas de concreto de edificios colapsados a personas y mascotas que han logrado sobrevivir a este fatídico evento, el peor que ha vivido el país caribeño en el último siglo.
Hasta este lunes, el número de fallecidos ya alcanzaba a 1.719, mientras que el de desaparecidos superaba las 50.000 personas. Estas cifras con seguridad variarán porque hasta ayer había al menos una decena de edificios donde no se había removido ni una sola piedra. En La Guaira, el estado costero más golpeado por los sismos, la mayoría de los 1.600 rescatistas provenientes de diferentes países trabajaban desesperadamente en busca de vidas para salvar. Estos valientes hombres, con apoyo de perros adiestrados, trabajan día y noche, incluso poniendo en riesgo sus vidas.
Una decena de países ha enviado rescatistas, agua, ropa, víveres y otro tipo de ayuda para los damnificados; sin embargo, la ayuda sigue siendo insuficiente. Según datos oficiales, hay más de 5 mil personas heridas, 855 edificios afectados y 3.142 familias damnificadas, la mayoría de las cuales se han quedado sin techo. Venezuela nos necesita.
(*) Beatriz Ávalos es editora