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Cara a cara

Lunes, 13 de julio de 2026 a las 05:00

 Ojalá que en el discurso del 16 de julio no vuelva el frasquito de hidrocarburo. En medio de la crisis de 53 días, el Gobierno volvió a encontrar en Mayaya un discurso de esperanza. El presidente Rodrigo Paz habló de convertir al norte de La Paz en un polo hidrocarburífero y hasta en una “potencia gasífera”. Suena bien. El problema es que, por ahora, esa promesa descansa mucho más en las palabras que en las certezas técnicas.

La mejor prueba no la ofrece un opositor ni un analista crítico. La dejó el propio Mauricio Medinaceli antes de convertirse en ministro de Hidrocarburos. En enero de 2025, sostuvo que Mayaya no reunía las condiciones técnicas ni económicas para ser considerado un desarrollo comercialmente viable. Recordó que sería necesario construir un ducto cercano a los 1.000 kilómetros, invertir alrededor de $us 1.000 millones y encontrar un mercado para ese gas. 

 Desde entonces cambió el Gobierno, cambió el ministro y cambió el discurso. Lo que no cambió fueron los desafíos técnicos ni económicos que rodean a Mayaya. Tampoco aparecieron reservas certificadas ni infraestructura que permita hablar de una producción cercana. La geología no responde a los tiempos de la política.

 Bolivia conoce demasiado bien el costo de anunciar más de lo que puede demostrar. Durante años se confundieron expectativas con resultados y hoy el país importa combustibles porque las reservas no crecieron al ritmo de los discursos. Mayaya merece exploración, inversión y rigor técnico. Lo que no merece es convertirse, otra vez, en la promesa que intenta resolver con palabras una crisis que exige resultados.

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