Una vez más militantes del Movimiento al Socialismo están bloqueando a La Paz, la sede de gobierno de Bolivia, muy fácil de aislar por encontrarse entre grandes montañas, estando en El Alto su principal ingreso y salida.
El objetivo es lograr la renuncia del Presidente y después llegar al poder, como lo consiguieron gracias a la “Guerra del Gas” de 2003. De manera similar a aquella oportunidad, la revuelta actual ha comenzado con una movilización instruida por la Federación de Campesinos de La Paz Tupac Katari, que hace parte de la CSUTCB -que agrupa a los campesinos de tierras altas y bajas- y es el principal componente del MAS. Y también como entonces, esta movilización ha sido apoyada por otras organizaciones, que tenían sus propias reivindicaciones: principalmente la de empleados formales (denominada Central Obrera Boliviana), integrada en su mayoría por remunerados por el Estado, y la Federación de Juntas Vecinales de El Alto. Y todas convergieron en exigir esa renuncia.
Incentiva y agrupa a los militantes del MAS un modelo ideológicamente sostenido por un indianismo y un marxismo trasnochados. Un indianismo trasnochado porque cuando en 1781 los seguidores de Tupac Katari cercaron La Paz para “que reinasen los indios”, en esta pequeña ciudad vivían amurallados los españoles y criollos que los sometían y obligaban a pagar tributos. Pero desde 1952 todos somos jurídicamente iguales y en La Paz habitamos más de 750 mil habitantes, todos mestizos. Los que más padecen con el cerco son los choferes y los cuentapropistas que viven al día.
Y también hace parte de esta ideología un marxismo trasnochado: plantean que al mantener las “comunidades”, expropiar las empresas más grandes y expandir las empresas estatales se llegará a un socialismo postcapitalista, mientras en China, inspirados en un marxismo actualizado, los derechos de propiedad son “la piedra angular de la economía socialista de mercado” (Li en Xinjua 2018/03/20), se estimula la expansión de la empresa privada y se castiga la corrupción con la pena máxima.
En cuanto a las “comunidades”: sólo se podría hablar de comunidades indígenas en las selvas amazónicas, en el resto del país se denomina así a sindicatos de campesinos organizados territorialmente para conformar la poderosa CSUTCB. ¿Por qué sindicatos, si éstos existen para defender los derechos de los trabajadores frente a los propietarios de “los medios de producción” y los campesinos ya son propietarios? – Porque la CSUTCB en realidad es una corporación en beneficio de quienes ejercen su representación, pero se opone a que puedan ejercer plenamente el derecho de propiedad de sus tierras, vendiéndolas si así lo desean, porque si así ocurriera desaparecería el fundamento de su poder: mantener a los campesinos en calidad de tales.
A los dirigentes del MAS, les conviene mantener esta ideología trasnochada -además de contar con financiamiento de origen sospechoso para los bloqueos- para intentar conservar sus privilegios y su poder político, y exigen la renuncia del presidente electo para, al menos, conseguir que éste comparta el Ejecutivo con ellos, lo que sería desastroso.
Desastroso, porque el MAS ha causado la actual crisis económica: conformó un monopolio estatal para la explotación de hidrocarburos e hizo a la economía boliviana casi totalmente dependiente de la extracción de gas. Y, mientras empresas en competencia hubieran invertido en exploración a fin de acrecentar sus ganancias, el monopolio estatal no lo hizo. Y, como es sabido, la falta de exploración es la causa de que la extracción de hidrocarburos disminuya cada vez más.
Y se aferra al sindicalismo campesino, originado en los tiempos del latifundio, cuando lo conveniente para todos es que en la agropecuaria se desarrolle la empresa privada, donde trabajadores formales tendrían un estándar de vida muy superior al que ahora tienen los campesinos minifundistas.
Si el modelo conservador del MAS se mantuviera, la crisis se profundizaría: es imprescindible aprender de la experiencia tanto nacional como internacional. Hay que eliminar monopolios y limitaciones inconvenientes a la propiedad agropecuaria, y hacer que el motor de la economía sea la competencia.
Pero primero el gobierno debe consolidarse como electo en segunda vuelta por la mayoría de los bolivianos. Y privilegiar el diálogo con el Legislativo -que nos representa a todos- antes que con corporaciones conservadoras que buscan mantener su poder.
(*) Iván Finot es economista, especializado en Desarrollo y Descentralización