Opinión

Encrucijada energética boliviana: ¿qué hacer

30 de octubre de 2022, 4:00 AM
30 de octubre de 2022, 4:00 AM

Álvaro Ríos Roca*


Si nos retrotraemos y miramos noticias de energía de Bolivia entre 2014 y 2019 podemos encontrar: https://www.energiaestrategica.com/bolivia-reactiva-su-plan-para-ser-el-corazon-energetico-de-sudamerica/ u otra como https://www.la-razon.com/lr-article/ministro-sanchez-hemos-encontrado-un-oceano-de-gas/

Los que algo conocemos de este sector, discrepábamos y entendíamos que estas declaraciones eran eminentemente políticas, y que por el contrario el panorama que se visualizaba era bastante desolador en materia energética. Las proyecciones de reservas y producción de hidrocarburos, así como la situación con los mercados vecinos indicaban que nos encaminábamos, más bien, a ser el corazón importador de energía en Sudamérica.

El tiempo nos ha dado la razón y este 2022, muy probablemente, Bolivia pasará a tener su primer déficit comercial en materia energética. Este déficit ya es estructural, será mayor cada año, a no ser que, muy rápidamente se encare una reforma al sector energético y se dé incentivos efectivos, a la exploración en particular.

Las importaciones de gasolina y diésel van en notable aumento desde hace varios años. Este 2022 se importará un 66% del diésel y un 40% de la gasolina (impactado por el etanol). En media década, para el 2027, la importación subirá al 80% en diésel y un 58% en gasolina (impactado por el etanol). Al ritmo que vamos, en un par de años más, se comenzará a importar GLP y en menos de una década se comenzará a importar gas natural. Obviamente, si no se hace algo, como ya hemos manifestado.

Se pasó de exportar, a Brasil y Argentina, en promedio 46,7 Millones de Metros Cúbicos Día (MMm3/d) en 2014 a 29,4 MMm3/d este 2022. En 2027 solo habrá capacidad exportadora de 19 MMm3/d. Una caída promedio del 4,57% anual en volúmenes exportados proyectados.

La pregunta del millón es si el país está preparado o puede darse el lujo de dejar de exportar gas natural y GLP, además importar todas sus necesidades energéticas y de hidrocarburos por los próximos 20/30 años, ¿y más aún subsidiarlas? Personalmente, creo que no, por el fuerte impacto a la economía y a las divisas que se necesitan para estas importaciones y con cada vez más menguantes exportaciones.

En materia económica, es tan imperiosa una reforma al sector energético, para incentivar principalmente un nuevo ciclo exploratorio, como es tan imperiosa una reforma al sistema judicial en materia social. Matamos la gallina de los huevos de oro, que es la exploración, con elevada carga tributaria al sector (IDH, regalías y otros), con fuertes subsidios a la producción de hidrocarburos y con extrema burocracia en YPFB, fruto de la famosa “nacionalización”.

Estas son las causales que deben atacarse de manera urgente en una reforma profunda para fomentar exploración. Aún se puede, porque Brasil, seguirá demandando gas natural con excelentes precios y existe infraestructura desarrollada. Al final del día el 32% del IDH o 11% de regalías, con cero de producción sigue siendo cero ¿no es cierto? Importar petróleo para hacer funcionar las refinerías ayuda, como también auxilia importar por ducto; pero no son una solución estructural.

Apoyamos las gestiones actuales del Gobierno y del sector productivo para que el etanol en una mezcla del 10 al 12% (apto para casi todos los vehículos) llegue a todo el país y ayudar a reducir importaciones de gasolina, disminuyendo el desperdicio de dólares y multiplicando el empleo productivo.

En biodiésel, deberíamos emular lo del etanol, que el sector privado siembre, acopie materia prima y construya las plantas para una mezcla permitida de hasta un 10 al 15%. No comprometer los alimentos en energía debería ser una premisa. No estoy de acuerdo en que el Estado siga invirtiendo en más empresas y emprendimientos productivos, porque los resultados están a la vista. La planta de urea, operada por YPFB, está parada nuevamente desde el 27 de septiembre. Nunca ha funcionado a más del 50% de su capacidad desde 2017 y en estos seis años su capacidad de producción promedio ha sido del 26%. Lamentable.

Se debe modificar el D.S. N° 4477 de Generación Distribuida, a fin de posibilitar el incremento de la potencia instalada en Bolivia de energías alternativas (solar, eólica y biomasa) del máximo de 350 kW a valores mayores como los existentes en Chile (9 MW), Perú (10 MW) y Brasil (5 MW). Esta modificación permitirá al sector privado invertir para reducir el consumo de gas natural y combustibles líquidos en el país.
No lleguemos al abismo para tomar decisiones.

*Ex ministro de Hidrocarburos de Bolivia y actual socio director de Gas Energy Latín América.

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