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El simbolismo del 11%

Carlos Dabdoub Arrien 20/7/2021 05:00

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Este último 15 de julio cumplimos 83 años de aquel mismo día de 1938, cuando el presidente camba Germán Busch Becerra (1904-1939), al firmar la ley del 11% sobre “la producción bruta a favor de los departamentos productores de petróleo” le dijo a su ministro, el cruceño Dionisio Foianini (1903-2001), gestor del proyecto: “Que sea para el bien de nuestro pueblo y toda Bolivia” (D. Foianini. Misión cumplida, 1991). La defensa de dicha ley en el Congreso estuvo a cargo de los convencionales parlamentarios de Santa Cruz, Facundo Flores Jiménez, Adolfo Román (h) y Sixto Montero Hoyos.

Con el pasar de los años, el gobierno centralista ‘chicanero’ por excelencia, no cumplió con esta norma que era de obediencia obligatoria, e incluso pretendió arrebatarle este derecho a las regiones cuando se aprobó el llamado Código de Davenport, decisión egoísta que fue corregida en 1956 mediante una ley interpretativa, promovida por el diputado cruceño Virgilio Vega Terrazas (1921-1985) y devuelta a su legítimo dueño, gracias a la insurrección del pueblo de Santa Cruz, liderada por el Comité cívico a la cabeza del médico Melchor Pinto Parada (1903-1982).

A la luz de estas ocho décadas pasadas y puesta la mirada en el pasado, estos sucesos nos dejan entre otras consideraciones, algunas marcas o reflexiones indelebles, que no se pueden olvidar, por el fuerte mensaje que ellas conllevan.

Primera: es un claro paradigma de lo que puede alcanzar un pueblo cuando está unido en torno a un objetivo. En esta disputa entre David y Goliat (poder central), las diferencias políticas y los intereses grupales o personales desaparecieron. Por esto, el 11% simboliza una de las principales vertientes ideológicas de la “cruceñidad”, un término intangible que se respira profundamente en estas llanuras y que debe seguir siendo ejemplo de las generaciones futuras.

El pago de las regalías no fue una concesión graciosa, sino la consecuencia del derramamiento de sangre joven, luto, destierros y vejámenes que sufrió Santa Cruz. El recuerdo de esas horas cruciales inspiró a luchar después para democratizar los municipios, alcanzar la autonomía y defender el 21-F, cuyos resultados ya todos conocemos. Aquí son muy sabias las palabras de José Martí: “Los derechos se toman, no se piden. Se arrancan, no se mendigan”.

Segunda: el pago de regalías fue el gatillo que aguijó el desarrollo cruceño, cuya capital en aquellos tiempos, tenía sus calles cubiertas de arena o de barro, sin agua y sin luz. Dichos recursos fueron canalizados primero por el Comité de Obras Públicas y luego por Cordecruz, aquel añorado laboratorio de proyectos o el “Think Tank” de los cruceños, dirigido por profesionales lugareños, que con mística, honestidad y alto profesionalismo, sentaron las bases para desplegar un modelo de desarrollo exitoso.

Tercera: el 11% es el ‘jisunú’ del tan anhelado proceso descentralizador, pues otorgó a los departamentos productores de hidrocarburos la capacidad de manejar sus propios recursos y construir cada uno su propio futuro, con rasgos de identidad propia.

Cuarta: La última y no menos importante reflexión que deja es la visión bolivianista del pueblo camba. Cuando Santa Cruz decidió enfrentar al centralismo, lo hizo pensando en el progreso de sus departamentos hermanos. A esto sumen la decisión del cruceño Hormando Vaca Díez, entonces presidente del Senado, que no tembló su mano al firmar la ley del IDH, luego de la negación del presidente de la República. De esta manera, municipios, gobernaciones y universidades de todo el país, gozaron de más recursos.

Esta es la visión nacional que tiene Santa Cruz, y pensar que todavía hay voces malévolas que con infamia lo prejuzgan como regionalista o separatista.

Carlos Dabdoub Arrien / Expresidente del Comité Pro Santa Cruz

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