Edición Impresa

El freno de los dólares y el burocratismo negligente

Samuel Doria Medina 14/5/2021 05:00

Escucha esta nota aquí

“Freno” es el artefacto de metal que se ajusta a la boca de los caballos para poder detenerlos cuando el jinete tira de las riendas. Si comparamos las economías latinoamericanas con caballos, podemos decir que en muchas ocasiones su “freno” ha sido la cantidad de dólares con la que contaban. En algunos momentos estas economías hubieran podido lanzarse al galope, pero no pudieron porque su dinamismo las hacía necesitar un número creciente de bienes importados, como maquinarias y materias primas, que debían comprar en una moneda que no era la suya y que solo podían conseguir exportando. Al mismo tiempo, si gastaban una parte significativa de sus reservas de divisas internacionales, dejaban sus monedas nacionales sin respaldo, lo que las hacía menos confiables para la gente, que entonces compraba dólares para protegerse. Y, claro está, este comportamiento convertía la carestía de dólares en un círculo vicioso.

Para las economías latinoamericanas –veamos lo que pasa actualmente en Venezuela y Argentina, por ejemplo–, esta restricción ha sido más importante que otras de las que la literatura económica habla más, como la falta de ahorro interno y de capital de inversión.

La falta de dólares puede ser el freno de la reactivación de la economía boliviana, que esperamos se dé en el segundo semestre de este año. Actualmente tenemos una reserva líquida de 1.900 millones de dólares. Una suma insuficiente para encarar un aumento de las importaciones asociado a una recuperación fuerte de la actividad económica. En el primer trimestre de este año, Bolivia importó 2% menos que en el trimestre anterior, lo que muestra que la economía todavía está contenida por la pandemia. Conforme esta se vaya liberando, las importaciones de los próximos trimestres serán mucho mayores.

Por otra parte, en 2022 el país tiene que enfrentar obligaciones de pago de sus bonos soberanos por 500 millones de dólares, y de otros 500 millones más por amortización de su deuda.
El riesgo entonces es que la carencia de divisas obligue al Gobierno, como ya lo está haciendo de forma incipiente, a disminuir los flujos de capitales, frenando así el crecimiento de la economía.

¿Cómo aflojar esta correa que nos tiene sujetos y nos impide avanzar con más rapidez y hasta más lejos? El presidente Luis Arce ha propuesto la sustitución de importaciones con productos nacionales, una consigna buena para una campaña electoral, pero totalmente irrealizable en la práctica. Con pocas excepciones, las nuevas industrias nacionales que pudieran surgir de esta iniciativa difícilmente podrían competir con la producción masiva de los países vecinos, todos los cuales están más industrializados y han devaluado su moneda y por tanto han abaratado los precios de sus mercancías de exportación.

Una opción mucho más realista y de efecto inmediato sería una campaña para aumentar las exportaciones bolivianas y, por tanto, la entrada de divisas al país. Esta idea resulta mucho más atractiva aún si tomamos en cuenta que los precios de los productos que vende Bolivia en el extranjero (soya, carne bovina, etc.) están en alza. Hasta un estudiante de primero de Economía sabe que este es el momento de pensar en exportar lo más posible, incluso si esto causase algunas alteraciones en los precios internos.

Este es un sacrificio que debemos hacer los bolivianos para lograr un bien mayor, que es evitar una crisis financiera (escasez drástica de dólares) que nos hundiría en un pozo del que difícilmente saldríamos en años.  Además, dada la bajísima inflación que se registra actualmente, sería un sacrificio relativamente pequeño.

¿Qué impide una revolución de las exportaciones? La mentalidad populista, que pone la satisfacción de una demanda de los carniceros, hoy, por encima de las necesidades del Banco Central a mediano plazo.

Por eso, en lugar de acelerar la maquinaria exportadora a toda marcha, que es lo que necesitamos urgentemente para salir de la crisis, las autoridades, de la manera más increíble, intentan contener su expansión, solamente para que ningún precio suba.

La gobernabilidad y la estabilidad son importantes, sin duda. Pero no son sinónimos de inmovilidad, repetición de viejas fórmulas y rutina burocrática. Al contrario, estos vicios son los que causarán ingobernabilidad e inestabilidad en el futuro cercano.



Comentarios