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Reducir desigualdad y vulnerabilidad para construir prosperidad

Antonio Rocha 12/10/2021 05:00

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La semana última pasada se celebró en Barbados la Decimoquinta Conferencia de la Unctad, entidad de las Naciones Unidas a cargo de la promoción del comercio y desarrollo, esencialmente en los Países Menos Avanzados y los Países en Desarrollo miembros de la organización. A la cita concurrieron el secretario general de la ONU, lasecretaria general de la Unctad, la costarricense Rebeca Gryspan, primera mujer en ocupar este alto puesto, y los ministros de Relaciones Exteriores, de Industria y Comercio de todos los Estados que conforman el órgano multilateral.

Por la relevancia de la temática y la difícil coyuntura en la que se encuentra el país, vamos a abordar, coligiendo con nuestra realidad, el tema central de la conferencia y epígrafe del presente artículo: “De la desigualdad y la vulnerabilidad a la prosperidad para todos”, basados en la necesidad de corregir las políticas públicas y las fracturas en nuestras sociedades, de forma tal que el comercio que beneficia la recuperación económica llegue equitativamente a toda la población.

Los pronósticos actualizados del Banco Mundial sobre el desempeño económico global (PGB) señalan una recuperación del 5,6% para el 2021 y una posterior estabilización del crecimiento al 4,1% para el 2022; por su parte la Organización Mundial del Comercio (OMC) acaba de revisar sus estimaciones de incremento del comercio de mercancías, esperándose una recuperación del 10,8% para 2021, debiendo ralentizarse este crecimiento al 4,7% el 2022, con lo cual no cabe duda que el motor que impulsa la recuperación de la economía global es el comercio, no solo de mercancías, sino de servicios y derechos de propiedad intelectual.

El aumento del Producto Interno Bruto (PIB) en Bolivia dado a conocer por el Ministerio de Economía y reflejado en los informes sobre el comportamiento del Índice General de Actividad Económica (IGAE) del INE, se habría alcanzado una tasa de crecimiento acumulado del 9,36% al 1er Semestre de 2021, comparado con similar periodo del año 2020, lo que coloca al país con una de las tasas más altas de recuperación económica en la región. Los sectores de mayor contribución a este repunte han sido la minería (plata, estaño y zinc) cuya producción ha crecido por encima del 50%, así como el transporte y la construcción, que han crecido en más del 35%, al igual que el sector agroindustrial y pecuario que en conjunto se han incrementado en más del 10%.

Por su parte el comercio exterior del país viene en un franco crecimiento, alcanzando las exportaciones, hasta el mes de agosto de 2021, poco más de 7.000 mil millones de dólares americanos, un 85% más de lo exportado hasta el mes de agosto de 2020; similar comportamiento han tenido las importaciones que alcanzaron los 5.600 millones de dólares americanos, un 53% más que lo importado en el mismo periodo de la gestión 2020. Con estas cifras el comercio exterior tiene una contribución bruta al PIB en más del 50% y una contribución neta de 1.360 millones de dólares que constituyen el superávit en la Balanza Comercial.

Ahora bien, con estas cifras alentadoras, cuáles son las políticas encaradas para reducir la desigualdad y la vulnerabilidad de la población pobre y la población extremadamente pobre que apenas cuenta con menos de un dólar al día para su subsistencia. Los subsidios directos mediante bonos en efectivo o la devolución de aportes de los fondos de pensiones, resultan solo un paliativo temporal a la falta de empleo y oportunidades y peor aún a la carencia de adecuados servicios de salud en situación de cuidado intensivo a causa de la pandemia que amenaza con la cuarta ola. La desigualdad en primera instancia solo es posible encarar con mayor empleo y oportunidades que se generan desde la inversión pública y privada, lo cual es posible solo con políticas de fomento a la producción y la exportación, dada la estrechez del mercado interno.

La vulnerabilidad de la población no solo se genera a partir de la pérdida de ingresos y la imposibilidad de acceso a los sistemas básicos de supervivencia (salud, alimentos, salubridad y educación), sino, a partir de la indefensión del sector privado frente a las políticas públicas que puedan atentar contra su subsistencia y desarrollo, dado que este sector absorbe cerca del 70% del empleo formal. De igual manera se incrementa la vulnerabilidad de la población más pobre y menos educada cuando se presiona a la economía informal sin presentarle opciones y facilidades para su migración e integración a la formalidad en un proceso consensuado de beneficios para todos.

La prosperidad no es posible construir con una receta de políticas públicas, tampoco se consigue aplicando dogmas de izquierda o derecha, menos forzando a las sociedades a subyugarse a normas basadas en fundamentos políticos más que sociales o económicos. La prosperidad se construye día a día, con seguridad, justicia, institucionalidad, transparencia y sobre todo con diálogo franco y abierto entre Estado y Sociedad en el que tengamos como meta implementar políticas destinadas al logro de los objetivos de desarrollo sostenible ya planteados desde el foro multilateral.

Antonio Rocha Gallardo - Presidente / CNDA


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