Opinión

Nada por aquí, nada por allá: Sustitución de importaciones

11 de septiembre de 2022, 4:00 AM
11 de septiembre de 2022, 4:00 AM


El programa de sustitución de importaciones del Gobierno (SíBolivia) busca apoyar la producción nacional de diferentes tipos de productos para que dejemos de comprar estos bienes de afuera. Este es uno de los pilares del modelo económico presentado como una idea nacional y nueva por los Chuquiago Boys. 

Lamento contrariar el nacionalismo intelectual del poder, pero esta es una propuesta vieja de los años 50, sugerida por el economista argentino Raul Prebisch en su matriz keynesiana. También desde Brasil, Celso Furtado sugirió algo parecido. Ideas similares se encuentran en la vertiente marxista leninista de los años 70’, como Samir Amin, André Gunder Frank, Theotonio dos Santos y otros. En el fondo, todos creen que el problema está en un comercio internacional desigual entre los países pobres y ricos. Por lo tanto, la solución está en romper con las cadenas que nos atan al intercambio desigual produciendo bienes propios. En los años 60’ y 70’, la mayoría de los programas de sustitución de importaciones en América Latina, fracasaron, salvo muy raras excepciones. Contrariamente, la industrialización vía fomento a las exportaciones, modelo seguido por los Tigres Asiáticos, funcionó mejor. En ambos casos, el Estado jugó un papel central.

El SíBolivia comenzó con un crédito de 1.181 millones de bolivianos o el equivalente a 170 millones de dólares. Estos préstamos prácticamente fueron regalados. Entregar dinero prácticamente a costo cero es algo que funciona desde el circo romano.
La tasa de interés era de tan sólo de un 0,5% al año. Se apoyaron a 8.900 operaciones. El 53% de los recursos fue para la microempresa, el 29,4% a la gran empresa, el 15,9% a la mediana empresa y el 1,8% a la pequeña empresa. Por sectores, el 71,1% fue para la industria manufacturera y el 27,6% a la agricultura y ganadería. Por supuesto, el programa fue presentado como si Bolivia hubiera saltado a la cuarta revolución industrial. Como siempre mucho show, propaganda y discursos grandilocuentes. Por supuesto, el Coro Chuquiano y desde las redes sociales se decidieron adjetivos: histórico, único y maravilloso. Hermanos ministros. 

Por el momento y más allá de la coreografía religiosa del proceso de cambio, lo único que se puede decir es que estos créditos fueron exitosamente colocados. Nada más. Waway. Entregar plata no garantiza cambio productivo. Y nuevamente se cae en un error del pasado: cómo se elige a las “empresas ganadoras”. Un burócrata escoge a quién dar el préstamo, siempre en una condición de asimetría de información. Esta es una de las fallas más conocidas de la política industrial por sustitución de importaciones. La elección de los beneficiarios tiene un enorme porcentaje de errores y, muchas veces, se basa en criterios políticos. Doy crédito a mis clientelas políticas.

Los resultados de si realmente se producirá una sustitución de importaciones y se construirá un tejido productivo habrá que verlos más adelante. Tal vez, en un año. No soy muy optimista. Ojalá nos muestren resultados concretos de emprendimientos productivos. Por el momento, nuestras importaciones continúan en alza impulsadas por la apreciación del tipo de cambio real. En Villazón; por ejemplo, llueven productos argentinos en territorio nacional. De hecho si consideramos el primer semestre del 2022, las exportaciones crecieron a una tasa del 35%, en tanto que las importaciones subieron al 41%. Van más de 15 años hablando de industrialización y no se ven resultados en el comercio exterior. Por el contrario, Bolivia se ha convertido en un gran mercado persa comandado por la informalidad. Lo único que se ha sustituido es el producto nacional por el chino.

Habrá que dar el beneficio de la duda al programa de sustitución de importaciones, pero con un tipo de cambio tan favorable al comercio legal e ilegal, parece muy difícil la sostenibilidad de este tipo de programas.
Así mismo, a estas alturas de la vida, uno sabe que estos programas de industrialización por sustitución de importaciones en el pasado no funcionaron por muchas razones. Tal vez la más importante es porque no se trata solo de entregar dinero sino de crear ecosistemas de apoyo a las empresas desde varias perspectivas: mejoras en el capital humano, cambios de tecnología, desarrollo de mercados, creación de redes empresariales, calidad de la gestión del emprendimiento, infraestructura adecuada, cambios en productividad, en especial de la mano de obra, la construcción de cadenas productiva (hacia adelante y hacia atrás) y otros. Pensar que el problema de la industrialización es una falla de mercado financiero; es decir, acceso el crédito, es no conocer la historia de Bolivia y Latinoamérica. En realidad, es aplicar el viejo truco populista: Fuera manos trabaja, vista. Nada por aquí, nada por allá, plata por acá. Finalmente, sale el conejo gordo y viejo de la sustitución de importaciones. 

Gonzalo Chávez Álvarez es Economista

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